El cáncer infantil en Argentina presenta hoy un dato que cambia la narrativa tradicional del miedo: 7 de cada 10 niñas, niños y adolescentes sobreviven a la enfermedad, con una sobrevida global a cinco años del 70,3%, según datos del Registro Oncopediátrico Hospitalario Argentino (ROHA).
Sin embargo, detrás de esa cifra alentadora aparece otro indicador clave: el 76% de los pacientes pediátricos con cáncer fueron atendidos en instituciones públicas entre 2013 y 2022, lo que confirma el rol central del sistema estatal y, al mismo tiempo, la necesidad de sostenerlo con recursos, capacitación y articulación territorial.
En el país se registran 131 casos nuevos por millón de niños menores de 15 años por año, lo que equivale a un promedio de 1.360 diagnósticos anuales -unos 3,7 por día-. Desde el año 2000, el ROHA recopiló información de 40.283 casos en menores de 19 años, con una cobertura del 93% en menores de 15, un nivel de captación considerado alto para el diseño de políticas públicas.
Especialistas de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) coinciden en que el desafío ya no es solo médico, sino estructural: garantizar que un niño del interior profundo tenga la misma posibilidad de curación que uno del área metropolitana.
“Pensar en red implica que un pediatra rural tenga a quién consultar en tiempo real ante un signo de alarma y que un chico de una localidad alejada tenga la misma oportunidad que uno del AMBA”, señalaron desde la entidad.
La organización en red permite derivaciones oportunas, tratamientos adecuados según complejidad y continuidad del cuidado, además de reducir brechas geográficas, económicas y culturales.
Que tres de cada cuatro pacientes oncopediátricos se atiendan en hospitales públicos habla del enorme compromiso de los equipos estatales, pero también expone una fragilidad: sin inversión sostenida en equipamiento, formación y coordinación interinstitucional, la capacidad de respuesta puede resentirse.
Entre los tipos más frecuentes se destacan leucemias, linfomas y tumores del sistema nervioso central. Las leucemias representan entre 450 y 550 casos nuevos al año y encabezan los diagnósticos.
A pesar de la gravedad, la incidencia se mantiene estable y la tasa de mortalidad específica es de 3,7 por millón en menores de 15 años (último período disponible 2021–2022).
La sanción en 2022 de la Ley 27.674 de Protección Integral del Niño, Niña y Adolescente con Cáncer marcó un punto de inflexión al crear el Certificado Único Oncopediátrico (CUOP), que habilita beneficios como asignación económica durante el tratamiento, licencias laborales para cuidadores, transporte gratuito y garantía de continuidad educativa.
No obstante, especialistas advierten que el desafío ahora es asegurar su aplicación sin trabas burocráticas y con alcance federal.
La SAP insiste en el rol clave del pediatra general en la detección precoz y en la capacitación permanente para reducir demoras diagnósticas. Signos como moretones frecuentes, palidez, fiebre persistente o pérdida de peso inexplicable deben ser evaluados sin demora.
Además del tratamiento médico, el abordaje integral incluye apoyo psicológico, acompañamiento social y continuidad educativa, factores que inciden directamente en la calidad de vida y en la reinserción posterior.
“El cáncer infantil no es sinónimo de muerte. Cuando el sistema funciona y se articula, el nivel de curación es alto”, remarcaron desde la entidad. La estadística muestra avances. El desafío pendiente es garantizar que esa posibilidad de cura no dependa del código postal.
Fuente: Agencia de Noticias NA




