El presidente Javier Milei atraviesa un momento de fortaleza política medido en términos electorales, pero enfrenta señales de alerta crecientes en la economía doméstica. Esa es la principal conclusión que surge del último relevamiento de la consultora Proyección, realizado entre el 1 y el 7 de febrero sobre 1.464 casos efectivos y con un margen de error del 2,5%.
El dato que sintetiza la paradoja es contundente: el 70,7% de los consultados afirmó que su situación económica familiar empeoró en los últimos meses, pero si hoy hubiera elecciones nacionales, La Libertad Avanza obtendría el 43,6% de los votos, frente al 35,9% del conglomerado peronista/kirchnerista.
El oficialismo se consolida como primera fuerza. Muy por detrás aparecen el PRO, con 3,8%, y el frente Provincias Unidas, con 3%. El peronismo, pese a su crisis interna y la ausencia de un liderazgo claro que reemplace a Cristina Kirchner, se mantiene cerca de su techo histórico: en octubre de 2023 Sergio Massa había obtenido 36,7%.
El respaldo libertario parece sostenerse, al menos por ahora, más en la falta de una alternativa dominante que en una adhesión ideológica sólida. De hecho, el 42,7% de los encuestados aseguró no sentirse parte de ninguna corriente política, mientras que el 27,5% se identificó con la derecha, el 17,5% con la izquierda y el 12,3% con el centro.
Si el capítulo electoral muestra fortaleza, el económico exhibe fragilidad. Al ser consultados sobre los temas que más preocupan en la actualidad, la inseguridad encabezó la lista con 46,5%, seguida muy de cerca por los bajos ingresos personales o familiares (43,9%) y la inflación (34,8%). Es decir, dos de los tres principales problemas señalados están directamente vinculados al poder adquisitivo.
El deterioro percibido se profundizó en comparación con diciembre: entonces, el 63,7% decía estar peor; hoy ese porcentaje asciende al 70,7%.
Las expectativas hacia adelante tampoco resultan favorables. El 59,7% considera que dentro de seis meses su situación estará igual de mal o peor, mientras que solo el 40,3% cree que mejorará.
El contraste se repite cuando se indaga en la evaluación del Gobierno nacional. El 47,6% desaprueba la gestión, mientras que el 44,9% la califica como buena o muy buena, con un 7,5% de indefinidos.
Al preguntar por el impacto concreto en la vida cotidiana, el 55,6% respondió que las políticas oficiales tuvieron un efecto negativo en su situación personal o familiar, frente a un 36,2% que percibe un impacto positivo.
En cuanto al rumbo del país, el 48,8% considera que las decisiones del Gobierno son equivocadas, mientras que el 41,9% cree que el camino es correcto.
La encuesta también midió el acuerdo con el paquete de reformas -laboral, tributaria, penal y de glaciares- impulsado por el oficialismo. El 45,4% expresó desacuerdo, el 33% manifestó acuerdo y un 21,6% admitió no contar con suficiente información para opinar. Este último dato revela un nivel significativo de desconexión con la agenda legislativa, lo que podría influir en la estabilidad del respaldo político en el mediano plazo.
El límite: el bolsillo
El relevamiento expone una disociación clara: respaldo electoral relativamente sólido frente a un malestar económico extendido.
El desafío para el Gobierno no parece estar hoy en el plano electoral inmediato, sino en la economía doméstica. La estabilidad macro y la acumulación de reservas no alcanzan, por sí solas, para revertir la percepción negativa en los hogares.
Con la mirada puesta en 2027, la clave será si la mejora macro logra traducirse en ingresos reales y expectativas positivas. Si eso no ocurre, el apoyo actual -que hoy parece sostenerse más por falta de alternativa que por satisfacción económica- podría volverse más volátil.
Fuente: iprofesional.com




