El mundo de la jardinería y el paisajismo comenzó a integrar elementos de la alacena de la cocina familiar para el mantenimiento de las áreas verdes. En esta oportunidad, se destaca el uso de la harina de maíz, comúnmente conocida como polenta, como un aliado estratégico para el desarrollo de diversas especies.
Al respecto, PRIMERA EDICIÓN realizó un relevamiento por diferentes estudios de los expertos en jardinería, quienes indican que este producto, derivado de la molienda directa del maíz, “posee una composición química que resulta sumamente positiva para el suelo”. Esto se debe a que tiene un contenido aproximado del 60% de proteínas y un 10% de nitrógeno, sumado a minerales esenciales como magnesio, calcio y potasio, que hacen de la polenta un suplemento nutricional completo.
Esta composición permite que el alimento funcione positivamente sobre el crecimiento de las plantas sin la necesidad de recurrir a productos químicos sintéticos. La versatilidad de este producto trasciende su valor gastronómico para convertirse en un fertilizante orgánico de fácil acceso que libera nutrientes fundamentales de manera progresiva al ser esparcido en los canteros.
Control de malezas
Más allá de la nutrición, la polenta es valorada por su capacidad para actuar como un herbicida natural. El producto funciona como un extraordinario inhibidor de semillas, lo que dificulta que las malas hierbas logren germinar y colonizar el espacio destinado a las plantas ornamentales.
Según indican los expertos, “el método de aplicación es sencillo y consistente en espolvorear el alimento sobre la tierra. Tras pocos días de implementación, es posible apreciar cómo van desapareciendo las malezas”.
Sin embargo, aclaran que para que este proceso sea efectivo, “las condiciones climáticas deben ser precisas, requiriendo un período de suelo relativamente seco, dado que el exceso de lluvia diluye sus propiedades y le resta eficacia”.
Es importante diferenciar entre la polenta convencional y la harina de gluten de maíz. Esta última posee una concentración específica de proteínas y se comercializa bajo la etiqueta de herbicida preemergente.
Si bien muchos usuarios optan por versiones económicas destinadas a la alimentación animal, los especialistas advierten que por lo general se utiliza el producto inadecuado o en dosis insuficientes para lograr un control total sobre las raíces.
En el caso particular de las plantas cultivadas en macetas, la aplicación de polenta ofrece beneficios adicionales relacionados con la estructura del sustrato.
Al ser un espacio limitado, el aporte de materia orgánica cruda ayuda a mantener una aireación adecuada cuando se integra correctamente con la tierra, evitando la compactación excesiva que suele ocurrir en recipientes pequeños.
Además, su degradación lenta permite que las raíces de plantas de interior o de balcón reciban una dosis sostenida de nitrógeno, lo cual se traduce en un follaje más verde y resistente a lo largo del tiempo.
Métodos para ahuyentar plagas
Uno de los beneficios clave destacados por los especialistas es la capacidad de la polenta para ahuyentar hormigas y otros insectos pequeños. “Al esparcir la sémola de maíz, se forma una especie de barrera física que provoca que las alimañas huyan del sector de manera casi inmediata”, indican en los estudios.
En ese sentido, explican que: “El mecanismo de acción se basa en el comportamiento social de los insectos. Las hormigas transportan la harina hacia el interior del hormiguero, donde el material ataca directamente al hongo del cual ellas se alimentan”. De esta manera, se logra neutralizar la plaga desde su origen sin utilizar químicos tóxicos para el ser humano o las mascotas del hogar.
Una vez que el producto cumple su ciclo o deja de ser disponible para el consumo de los insectos, se traslada al compost como materia orgánica cruda, y así continúa con su proceso de degradación, fomentando la actividad microbiana necesaria para mantener suelos vivos y saludables.
Consideraciones técnicas
A pesar de sus múltiples beneficios, el uso de estos derivados del maíz no es una solución “mágica” y presenta ciertas complejidades técnicas. “El alto contenido de nitrógeno puede provocar que las malezas que logran sobrevivir al terreno hostil crezcan de modo más vigoroso debido al aporte nutricional del producto”, alertan.
Por este motivo, reconocen que el tiempo de aplicación resulta crítico. “No se considera una buena opción en espacios verdes que ya se encuentran muy invadidos por vegetación indeseada”. Además, requiere aplicaciones abundantes y un seguimiento constante del clima posterior para asegurar que el efecto inhibidor no se pierda con el agua.
En conclusión, la polenta es una opción económica y eficiente para plantas pequeñas y medianas en hogares y patios. No obstante, al comportarse principalmente como materia orgánica cruda, una aplicación errónea podría generar más complicaciones que ventajas. El éxito de su implementación depende del equilibrio entre la cantidad aplicada y el conocimiento de las necesidades específicas de cada cantero.




