La crisis por la falta de agua que afecta las zonas altas de la ciudad de Posadas, como en el caso del barrio A4, se extendió en las últimas semanas hacia San Lorenzo, A3-2, San Jorge e incluso Luis Piedrabuena, en los alrededores de la residencia del gobernador, donde la gente vive en permanente vigilia porque el servicio retorna únicamente a altas horas de la madrugada. Además, cuando vuelve, tampoco llega con la presión suficiente como para abastecer los tanques, por lo tanto, se repite la escasez.
Además, el problema de la falta de suministro, en plena ola de calor, pasó a convertirse en un conflicto económico y administrativo tras recibir abultadas facturaciones: “Nuestras canillas suelen estar secas, pero las boletas del agua llegan con montos que presuponen un consumo abundante que, en la realidad, no existe”, se exasperó el vicepresidente de la comisión barrial de San Lorenzo, Juan Cabral en diálogo con PRIMERA EDICIÓN.
“El cliente debería tener el derecho de administrar su consumo mínimo y no pagar de más. ¿Por qué tenemos que pagar todos sí o sí por 15 mil metros cúbicos, si en la casa vivimos dos jubilados y no consumimos ni el 10% de esa cantidad? Y mucho menos si nos viven cortando el agua”, demandó el hombre.

Cabral contó que la problemática, que se arrastra desde enero alcanzó su punto crítico hace dos semanas, cuando el barrio quedó totalmente desprovisto de agua potable durante cuatro días consecutivos. La falta de respuestas motivó una movilización vecinal espontánea en conjunto de vecinos de A4, un hecho que, según los propios afectados, fue el detonante para que “el servicio reapareciera casi mágicamente, lo cual nos hizo pensar que nos cierran las canillas a los pobres”, enfatizó Cabral, portavoz del reclamo. Para el dirigente barrial, “la restitución inmediata tras la protesta sugiere que la falta de agua no se debía a una imposibilidad técnica, sino a una decisión operativa”.
“Evidentemente era una cuestión de voluntad humana para que abran las llaves. Nos cerraron el grifo, como quien dice, para brindar el servicio a otros sectores”, insistió.

Vulnerabilidad extrema
El estrés hídrico que afecta a diversos sectores de la zona sur golpea con particular virulencia al barrio Luis Piedrabuena hacia el oeste de la ciudad y se estima que son muchos más complejos habitacionales en similar situación. En medio del calor que no da tregua, los residentes de la zona alta de esa parte de Posadas denunciaron que tener agua potable “se volvió una rareza”, ironizó Edith González, de acuerdo a quien “nunca se vio algo así”. Según el testimonio que brindó a este Diario, en las últimas semanas las familias se vieron obligadas a modificar drásticamente sus rutinas para asegurar la subsistencia.
“Samsa va mandando agua a la red de noche, generalmente de madrugada. Hoy, por ejemplo (por ayer) a las 4 de la mañana recién volvió, pero sin presión”.
Para Gonzalez, la falta del recurso vital no es solo una incomodidad logística, sino un riesgo sanitario directo para los grupos de riesgo: “Tengo una persona de 82 años viviendo conmigo, es una persona anciana que necesita permanentemente el agua para el baño, para todo. No tenemos otra forma de conseguirla”, finalizó.

Conexiones valen tres millones de pesos
En medio de la polémica por los cortes del servicio, salió a la luz y cobró notoriedad el caso de los vecinos de la chacra 27 de Posadas, que no tienen conexión a la red de agua y el costo de la obra para que la prestataria realice las tareas asciende a $3 millones de pesos por vivienda.
“Somos vecinos de la chacra 27, entre comandante Espora Esquina San Marcos, al costado de la Escuela de Comercio 18 en Posadas, y estamos pasando por una situación crítica en cuanto al acceso al agua potable”, contó Yamila Verón, vecina de esa zona hace más de 20 años.
Según su relato, “nunca habíamos experimentado una situación tan difícil. El agua es un derecho humano esencial y fundamental para la salud y la vida digna, y nos preocupa que nos estén cobrando un precio alarmante para poder tenerla en nuestro domicilio. Nos dicen que tenemos que pagar $3.000.000, todo junto, lo que es inviable para nosotros”, señaló angustiada.
“Fuimos al EPRAC y presentamos notas para solicitar un convenio de pago, pero nos dijeron que debemos realizar el una parte del pago los primeros días del mes y el resto cuando finaliza el mes. Esto no es una solución para nosotros, ya que estamos hace más de 15 días sin agua y queremos pagar el servicio, pero necesitamos una solución justa”, expresó la mujer.
“La situación es grave, tenemos chicos menores padeciendo en estos calores fuertes, y es un tema que nos preocupa y nos duele. Queremos solicitar una entrevista con las autoridades del EPRAC para regularizar nuestra situación. Necesitamos que se nos escuche y se nos dé una solución urgente”.








