El Sistema de Estacionamiento Medido (SEM), pensado para ordenar el tránsito y modernizar el casco céntrico en la Capital del Trabajo, choca de frente no solo con la realidad económica cotidiana sino también con la idiosincrasia de los consumidores locales.
“En un contexto de bolsillos muy apretados, el cobro por estacionar se transformó en otro obstáculo para el consumo: muchos automovilistas optan por dejar el auto a varias cuadras y caminar, con tal de evitar pagar. Hacen sus trámites rápido y se van”, graficó a PRIMERA EDICIÓN Jorge Segovia un histórico comerciante quien comentó su parecer acerca de la triste escena que se repite a diario en el microcentro eldoradense.
El hombre aseguró que los automovilistas directamente “esquivan la zona tarifada y los pocos compradores que sí estacionan calculan el tiempo contrarreloj, compran una cosita si es urgente y se van. Ya no se quedan a consumir como antes”. “La mayoría de los comerciantes de acá observamos nomás cómo una parte de la clientela directamente deja de ingresar”, prosiguió enfático. Sin embargo, de acuerdo a lo que analizó Segovia, el motivo no siempre es la falta de dinero, sino que se suma a la resistencia a un sistema que depende casi exclusivamente del uso de aplicaciones móviles.
“También hay gente que puede pagar sin problemas el SEM, pero son muy cómodos no quieren tomarse la molestia de bajar la aplicación. Quieren un cobrador parado, si se puede cerca de la puerta del auto, pagarle e irse rápido a hacer sus cosas. Si la persona no está, dejan el auto y se van. No toman conciencia, eso es algo que también veo mucho”, manifestó el comerciante, cuya actividad también pegó una brusca caída ante la ausencia de clientes.
En una recorrida de este Diario por el área comercial, los testimonios de los frentistas coincidieron con el de Segovia, principalmente acerca de la brecha entre la digitalización del estacionamiento y la cultura del eldoradense.
“No hay paciencia, cero paciencia para esperar algunos minutos que venga alguien a cobrar ”, resumió otro comerciante histórico del centro. La queja apuntó directamente al funcionamiento del sistema: “Eso de bajar la aplicación y pagar el SEM será cómodo para algunos, pero acá mucha gente todavía no sabe usarla o directamente no quiere”.
La falta de alternativas presenciales de pago agrava el problema. Para quienes solo necesitan hacer un trámite rápido, pagar un servicio, comprar un medicamento o retirar un pedido, el proceso de descargar una app, registrarse y cargar saldo se vuelve una traba. El resultado es claro: menos rotación de clientes y menor circulación en los comercios céntricos.
“Si puedo, dejo el auto más lejos y camino”, es la conducta que se impone contaron.
Pero, no todos tienen esa posibilidad: adultos mayores que van al médico, personas con dificultades de movilidad o usuarios poco familiarizados con la tecnología quedan expuestos a sanciones.
“Hay gente que no entiende cómo funciona el sistema y termina comiéndose una multa”, advirtieron los comerciantes consultados por este Diario. Ante ese escenario, muchos de esos dueños de locales terminan asumiendo un rol que no les corresponde: actuar como mediadores entre clientes y los municipales.
“Tratamos de ayudar, de avisarles dónde dejar el auto. Les decimos: ‘si es un trámite breve dejá tu auto ahí, cualquier cosa hablamos con el inspector’”, relataron tras reflejar el nivel de tensión que genera el cobro del estacionamiento.
Mientras tanto, el reclamo se repite: más opciones de pago que no requieran tecnología, mayor flexibilidad y una adaptación real del sistema a la situación económica y a los hábitos de la población.
Persiste la carga manual
Durante una recorrida para evaluar el impacto de la medida, el encargado de uno de los puntos de venta más concurridos de la zona céntrica, explicó la situación. Pese a la existencia de aplicaciones diseñadas para agilizar el trámite, el factor humano sigue siendo determinante.
“A veces, por ejemplo, hay gente que viene a abonar acá al kiosco porque no quiere la aplicación, por el tema de la tarjeta que no le quiere pasar los datos”, señaló el vendedor. Esta reticencia a vincular tarjetas de crédito o débito en plataformas digitales es un motor que mantiene vivo el sistema de carga manual, acotó.
“También están los antiguos tarjeteros, ellos están todo el año y recorren, pero la gente es como que elige venir acá y que se le haga la carga, que es una alternativa al pago en efectivo a los municipales, porque está el riesgo de la multa y es un riesgo que prefieren no correr”, finalizó.








