Anahí Fleck
Magister en Neuropsicología. 0376-154-385152
La experiencia de “oír” voces no físicas ha sido parte de la historia humana a través de chamanes, místicos y médiums. Hoy, bajo el término técnico de clariaudiencia, la ciencia busca desentrañar este fenómeno que tradicionalmente se ha etiquetado como espiritual, pero que la neuropsicología estudia como una interacción compleja entre redes cerebrales.
La evidencia científica actual sugiere que la clariaudiencia no es necesariamente una patología, sino un fenómeno que emerge de la interacción entre los sistemas sensoriales, la memoria y la regulación emocional. Estudios de neuroimagen revelan que, durante estas experiencias, se activan la corteza auditiva superior y regiones fronto-temporales (implicadas en el lenguaje).
El mecanismo clave es la atribución errónea del habla interna. Normalmente, nuestro cerebro emite una señal que nos dice: “esto lo pensé yo”. Cuando la comunicación entre las áreas que producen el habla y las que la monitorean funciona de forma atípica, el pensamiento propio se percibe como una voz externa. Si a esto se suma una hiperactividad espontánea en las redes auditivas, la experiencia se vuelve vívida y real.
Un hallazgo fundamental es que la clariaudiencia existe en un continuo. No toda voz es síntoma de psicosis o esquizofrenia. La diferencia radica en la regulación emocional: si la amígdala y las redes prefrontales están equilibradas, la persona puede sostener su “agencia” (la gestión de sí misma). En cambio, voces con alta carga afectiva o de miedo generan angustia y mayor riesgo clínico.
La ecosanación ofrece un marco para que estas percepciones dejen de ser un síntoma de sufrimiento y se conviertan en herramientas de autoconocimiento. El objetivo no es negar la voz, sino reencuadrarla mediante la integración de neurociencia y prácticas somáticas.
Recomendaciones y Prácticas Útiles:
1. Psicoeducación y Metacognición: Entender que la voz tiene una base neuronal reduce el estigma y el miedo. Aprender a identificar si el mensaje proviene de una memoria antigua, un miedo presente o un patrón aprendido permite recuperar la agencia o autogestión.
2. Regulación Autonómica: Prácticas como la respiración coherente y la coherencia cardíaca ayudan a calmar el sistema nervioso, reduciendo el impacto emocional de la experiencia.
3. Monitoreo del Habla Interna: Realizar ejercicios para diferenciar conscientemente lo que pensamos de lo que “oímos”, favoreciendo la neuroplasticidad y la capacidad de distinguir lo propio de lo ajeno.
4. Rituales de Ecosanación: El contacto con el entorno natural y el uso de rituales simbólicos crean un “contenedor seguro” para explorar estas voces, dándoles un sentido constructivo.
5. Atención Plena: Observar la aparición de la experiencia desde la curiosidad clínica en lugar del pánico, lo cual permite modular su intensidad.
La clariaudiencia, trabajada con respeto y protocolos integradores, puede transformarse de una “percepción anómala” a una fuente de información sobre nuestros estados internos y necesidades. Al integrar la presencia corporal y la sabiduría del entorno, el sujeto deja de ser una víctima de sus percepciones para convertirse en un explorador de su propia conciencia, utilizando estos recursos para el crecimiento personal y relacional.








