La pasión de César Sosa por la música fue más allá de las partituras y del sonido de vientos y cuerdas. Con más de 36 años de trayectoria en la Banda de Música de la Municipalidad de Posadas, fabrica instrumentos de manera autodidacta para que la música siga sonando.
Desde el arreglo de instrumentos de viento hasta la creación de bajos eléctricos, contrabajos y, más recientemente, un baby bass, su trabajo toma forma en su vivienda del barrio Cerro Pelón, en la capital provincial. En una pequeña sala, sin taller, sin planos ni herramientas especializadas, impulsado por la necesidad y el ingenio, talla la madera que luego lo acompañará en presentaciones de la Banda de Música y en otros escenarios donde la música anima encuentros sociales.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, el músico César Sosa reflexionó sobre cómo la necesidad agudiza el ingenio, al señalar que “comprar un instrumento de buena calidad cuesta mucha plata. Entonces, si uno quiere tener algo bueno, hay que ingeniarse, adquirir buenos insumos y empezar a armar, que es la forma de poder obtener un instrumento de la gama que uno quiere”.
Cabe señalar que su vínculo con el trabajo artesanal con la madera, tiene raíces profundas ya que su padre era carpintero que realizaba finos trabajos en madera con un taller propio ubicado en Colonia Santa Teresa de Eldorado. “Él torneaba la madera con herramientas caseras. Yo lo vi poco trabajar en la carpintería y no pude aprender el oficio porque no me crié con él”, recordó.
Hoy, sin taller ni maquinaria, Sosa perfila la madera “a cuchillo, como machete, hasta darle forma, y después la voy trabajando un poco más fino con lo que puedo”. En ese proceso, recientemente finalizó un bajo que inicialmente iba a ser de cuatro cuerdas. “Era un jazz bass y se me ocurrió ponerle una más”, relató. “No tengo carpintería ni las herramientas necesarias para poder hacer y registrar una marca. Lo mío es artesanal, de aficionado” aclaró.
Además, en ese momento Sosa comenzaba a dar los primeros retoques para la fabricación de otro instrumento que inicialmente iba a ser un contrabajo acústico, pero que finalmente se transformó en un baby bass. “Un ingeniero en sonido me convenció de que lo arme así. Ya tengo la madera, la estoy dibujando para empezar a darle corte. No tengo planos, lo tengo todo en la cabeza; es todo imaginario”, explicó. Y trazó un paralelismo con su forma de hacer música: “Por ahí no soy ‘el músico’, pero las ideas me suenan en la cabeza y cuando toco con músicos populares las voy aplicando sobre la marcha. Así va tomando forma. Trato siempre de ocupar mi lugar de bajista y de no invadir a otros instrumentos”, manifestó.
Además, el músico contó que construyó varios instrumentos, algunos de los cuales llegó a vender, realizados con distintas clases de madera que ofrecen sonoridades particulares. “Cuando el producto está terminado, se nota el resultado; uno se da cuenta cuando la madera vibra. El timbre que voy logrando depende mucho de la madera y de la calidad de sonido que busco”, comentó.
A ese trabajo le suma el armado de los circuitos electrónicos: “Coloco capacitores para reducir o aumentar frecuencias y así voy buscando un timbre en el micrófono que haga que el bajo suene robusto, como cualquier otro del mercado. A veces se ríen porque aparezco con un pedazo de garrote con cuerdas, pero cuando empieza a sonar arriba del escenario es otra cosa. No tiene nada que envidiarle a un bajo de marca” comparó.

Presente de la Banda Municipal
Sosa es hoy tubista, en la banda municipal y también autor del proyecto de ordenanza para la creación formal de la Banda Sinfónica Municipal, aunque “el Poder Ejecutivo no toma la decisión de estructurarla”.
Asimismo siente que la Banda está un poco desatendida y sostenida a pulmón por sus propios músicos “no me alcanza el sueldo para comprar un bajo como el que yo quisiera tener, entonces me tengo que poner a hacerme un instrumento. La banda funciona un poco con los artesanos que somos (…) cada uno arregla su instrumento como puede, el que puede más, manda a arreglar a un luthier en Buenos Aires, el que no puede, se la remienda”, describió. Además de fabricar, este músico y artesano suele arreglar instrumentos de colegas sin cobrar. “No sé hacer negocio con esto. A veces cobro solo los insumos” dijo.

Vida atravesada por la música
Su pasión musical nació en la infancia, en Jardín América. “De chico hacía instrumentos con tablas y alambre. Me crié solo desde muy chico, dormí en estaciones de servicio, en la terminal, pero siempre andaba detrás de los músicos”.
Un trompetista alemán, el pastor Olaf, marcó un antes y un después: “Cuando lo escuché tocar trompeta me emocionó el sonido del bronce”. Ya en Posadas, se anotó en clases gratuitas en el Palacio del Mate y al poco tiempo ingresó a la Banda Municipal. “Al año ya estaba contratado. Era un sueño cumplido”, definió.





