Por Rosanna Toraglio
Periodista- BioPsicoTerapeuta
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Muchas personas padecen el síndrome de vivir en el pasado, romantizan incluso situaciones vividas como idílicas descartando los momentos duros o difíciles. Esas personas ven en su presente todo lo malo, feo, lleno de mentiras y hacen de su vida un eterno pasado.
Existe una frase que sintetiza el peligro de idealizar el pasado porque: “vivir en el pasado es morir en el presente”. Estamos hablando de una metáfora profunda que muestra que, al estar atrapado en recuerdos, arrepentimientos o glorias pasadas, te pierdes la única realidad que tienes: el ahora.
Vivir en el pasado te impide disfrutar, crecer y crear nuevas oportunidades, porque vivir del pasado te frena, te aísla, te vas cerrando a todas las posibilidades que te ofrece el gran presente.
Recordar con añoranza el pasado, una y otra vez hasta hacerlo un hábito, es una forma de morir lentamente y resentidamente porque creerás que el presente no es lo suficientemente bueno como lo fue el pasado y entonces no merece ser vivido. ¿Por qué ocurre esto?
Es que el cerebro se aferra a recuerdos y emociones pasadas, que afectan la corteza prefrontal, anula su capacidad de juicio y de atención. También afecta a la memoria porque no es tal cual la vivida sino la idealizada, esto genera lo que llamamos rumiación, que genera ansiedad y dificulta la capacidad de hacer foco en el aquí y ahora.
Es como que el cerebro comienza a patinar, como la púa en el disco cuando hizo un surco. Hablamos de estancamiento vital, porque no se trata de olvidar el pasado sino de no permitir que el pasado defina tu presente ni te paralice, enfocándote en lo que puedes controlar y moldear ahora.
Deja el ayer en su sitio
Perderse el ahora es perder la oportunidad de vivir, de sentir la vida, de disfrutarla en ese aleteo de la mariposa que acaba de pasar a tu lado y no la viste porque estabas en tus recuerdos. Si tu mente está siempre en el “ayer”, no podrás escuchar lo que tienen las personas que te rodean para decirte, ni verás las oportunidades que se presentan hoy.
El cerebro tiende a mantenernos en ese lugar que cree que te mantendrá vivo, pero no entiende que estás respirando no estás viviendo. Será tu homo sapiens el que te llevará al análisis, a las preguntas, a decirte: “acá estoy, voy a vivir esto que me lo estaba perdiendo”. Si un conductor solo mira el retrovisor tendrá un accidente porque no mirará el camino.
Cuando te veas estancado en el pasado, cuando sientas el clic en tu corazón, respira profundo, mira a tu alrededor y comienza a indagar sobre tu presente.
¿Estoy disfrutando de las personas que tengo a mi lado? ¿Queda alguien a mi lado o espanté a todos? ¿Qué puedo hacer para salir de este bucle? ¿Pido ayuda o comienzo con nuevos hábitos?
Todos podemos salir del estancamiento porque es un lastre que tarde o temprano pesa y desearemos soltar. Quedarse ahí nos llevará al resentimiento y a la incapacidad de ser feliz.
Anclarse al pasado afecta la salud mental de todo ser humano, mientras que el presente, cuando más duro es, más desafíos nos genera y esa adrenalina es la que necesitamos para salir adelante.
Dejamos al ayer en su lugar, lo podemos abrazar y agradecer porque nos trajo hasta acá, podemos recurrir a él cuando necesitamos analizar una situación y utilizar alguna herramienta que nos fue útil.
Pero la verdadera vida está aquí, en este lugar, en esta silla, en esta cama, en la calle, en los libros, en tu propósito de vida. Hoy podemos amar, sentir la piel, recibir y dar caricias, abrazos, compartir conocimientos, estudiar, disfrutar de un atardecer. Crear un futuro feliz se logra siendo feliz ahora, un autorregalo que nos hacemos diariamente. Elegimos reír de esto que me pasa hoy, ahora, y respirar en este minuto santo.
¿Cómo superarlo?
Toma una birome y escribe, elijo ser feliz. Gracias por la vida, gracias por este aire que respiro, libero el pasado con gratitud, hago lugar en mi vida y decido experimentar lo nuevo que llega a mí, la música, amigos, un grupo, una charla y té.








