Patricia Couceiro
Máster en Constelaciones
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Desde la antigüedad, el ser humano miró el cielo para orientarse. Las constelaciones no solo servían para navegar o medir el tiempo: eran mapas simbólicos que ayudaban a comprender el sentido de la vida. Hoy, ese cielo también puede leerse hacia adentro. Cada persona lleva constelaciones internas: patrones, memorias, vínculos y emociones que se ordenan, se desordenan y vuelven a buscar equilibrio. Cuando algo entra en caos, no es un error, es una señal de reacomodamiento.
El conflicto aparece cuando resistimos ese movimiento natural. El corazón funciona como el punto de anclaje, como la estrella fija que permite orientarnos aun cuando todo parece incierto. Cuando actuamos desde ese centro, dejamos de forzar y comenzamos a alinearnos. La vida no responde al control, sino a la coherencia. Así como las estrellas no se mueven por capricho, nuestras experiencias tampoco llegan al azar. Todo lo que aparece afuera refleja algo que pide ordenarse dentro. Leer nuestras propias constelaciones internas es aprender a confiar en el proceso y a caminar la vida con mayor claridad.
El cielo cambia y nosotros con él. El cielo nunca es el mismo. Las constelaciones se desplazan, algunas desaparecen y otras se hacen visibles según la estación. La vida humana funciona de manera similar: atraviesa ciclos de luz y de sombra, de expansión y de repliegue.
Muchas veces sufrimos porque queremos permanecer siempre en el mismo punto, sin aceptar el movimiento. Vivimos los extremos: euforia cuando todo fluye, frustración cuando algo se desarma. Sin embargo, la sabiduría está en aprender a habitar el vaivén.
Aceptar no es resignarse, es alinearse con el ritmo natural de la existencia. Cada día trae su propio cielo: a veces despejado, a veces nublado. Ambos son necesarios. El equilibrio no está en evitar el caos, sino en saber que después del desorden siempre hay un nuevo orden posible. Vivir en el aquí y ahora es como mirar el cielo sin exigirle que sea distinto. Cuando dejamos de controlar y aprendemos a confiar, la vida se vuelve más habitable. Y entonces, día a día, vamos sumando experiencia, conciencia y sentido. ¡Aprende a disfrutar y ser feliz!








