El primer mes del año marca para muchas personas el momento clave para planificar el año con listas de objetivos, hábitos y rutinas que buscan alcanzar mayor éxito o bienestar en la salud o el trabajo.
Pero a medida que avanzan los meses ese entusiasmo puede transformarse en frustración, cansancio o ansiedad cuando las metas no se cumplen ni siquiera en las primeras semanas.
Y la psicóloga Macarena Koderer confirmó que los efectos se observan en el consultorio como un patrón cada vez más frecuente: personas que se exigen sostener rutinas ajenas, impulsadas por modelos que circulan en redes sociales, sin tener en cuenta su historia, su ritmo ni su realidad cotidiana.
“Hoy está muy de moda seguir rutinas y hábitos que prometen bienestar y éxito, pero el problema aparece cuando nos involucramos de lleno en rutinas que son de otros”, explicó en entrevista con PRIMERA EDICIÓN.
La especialista señaló que esas exigencias externas, además de estandarizadas, son poco realistas, ya que prometen grandes resultados en pocas semanas.
Eso genera que “no termina enero y ya estamos todos frustrados”, resumió, porque copiar modelos y no ver los mismos resultados genera más presión que bienestar.
Recomendaciones
Para evitar ese escenario, Koderer propuso correrse de las “recetas mágicas” que inundan las redes y revisar el propio momento vital antes de planificar.
Por ese motivo, el primer paso es preguntarse qué es posible según la energía, el tiempo y las circunstancias personales. La sugerencia es empezar por metas alcanzables, que puedan sostenerse en el tiempo y no dependan de grandes cambios en el corto plazo.
“Hay que empezar por plantearse cosas que sabés que llegás al final del día y lo vas a poder cumplir”, aconsejó, priorizando el bienestar por sobre la productividad.
Además, recordó que la frustración es parte de ese proceso y que puede minimizarse si las metas son realistas. Otra estrategia es reducir la cantidad de objetivos para poder darles más sentido.
“No hay ningún cambio que sea sostenido a partir de una desesperación. Hay que tal vez hacer menos, pero con coherencia”, afirmó la especialista.
¿Y los más chicos?
En el caso de niños, niñas y adolescentes, la recomendación sigue la misma lógica, respetando el tiempo del receso. “La vida no debe organizarse como una lista rígida de ítems a cumplir, a ninguna edad”, afirmó Koderer.









