El dolor menstrual sigue siendo uno de los síntomas más naturalizados durante la adolescencia. En muchos casos, se asume como parte inevitable de la menstruación y no como un motivo de consulta médica, provocando que niñas y adolescentes posterguen durante años el acceso a un control ginecológico oportuno.
Así lo advirtió la ginecóloga infantojuvenil Cecilia Roses, quien aseguró que la consulta tardía es una constante, que puede demorar el diagnóstico de patologías como la endometriosis entre 7 y 10 años desde el inicio de los síntomas. Con 16 años de experiencia en ginecología infantojuvenil, Roses trabaja con niñas y adolescentes desde edades tempranas y remarcó que la falta de información sigue siendo un problema importante en la mayoría de los motivos de consulta.
“La desinformación es lo que lleva a la falla en el uso del método anticonceptivo, a mayor incidencia de infecciones y al atraso en la consulta”, analizó en entrevista con PRIMERA EDICIÓN.
“El dolor menstrual no es normal”
Uno de los principales motivos de consulta en la adolescencia tiene que ver con el ciclo menstrual. Las adolescentes suelen acercarse para despejar dudas en ese periodo de cambios, pero el dolor menstrual suele quedar fuera de la agenda durante años. “Lamentablemente está tan naturalizado que acuden muy tarde a las consultas”, aseguró Roses.
De acuerdo a la especialista, existe una diferencia clara entre molestias leves y un dolor crónico, que impide realizar actividades cotidianas como ir a la escuela o hacer deporte. El problema es que en el segundo caso suele naturalizarse dentro del entorno familiar o social.
“Se cree que porque menstruaste tiene que doler, y eso es un error”, aseguró Roses. Esas ideas se repiten y evitan que se le preste la debida atención a ese síntoma, retrasando la consulta médica.
Según indicó la ginecóloga, estudios realizados en adolescentes mostraron que el promedio de demora en consultar por dolor menstrual es de una década, lo que implica que muchas personas llegan recién en la adultez joven con síntomas que podrían haberse tratado antes.
Por eso, Roses advirtió que hay cuadros como la endometriosis que están directamente asociados al dolor menstrual no tratado. “Es una patología inflamatoria que produce dolor, muchísimo dolor, durante las menstruaciones”, precisó, al punto de derivar en dolor pelviano crónico.
Además, cuando el diagnóstico llega tarde, las posibilidades de mejorar la calidad de vida son más limitadas. “Hay patologías que podemos tratarlas hasta cierto punto, pero no siempre. Lo mejor es evitarlas, por eso siempre la consulta en ginecología infanto-juvenil es para prevenir”, consideró la ginecóloga.
El rol de la desinformación
Otro tema central en la consulta adolescente son las alternativas en salud menstrual. Roses describió que muchas jóvenes llegan convencidas de que ciertos métodos no son para ellas. “Que piensen que no pueden usar tampones o copas menstruales cuando no han iniciado actividad sexual es muy frecuente ”, indicó.
Lo mismo ocurre con métodos anticonceptivos de larga duración. “Ese tabú y esa leyenda urbana de que porque soy adolescente no puedo utilizar un DIU es muy típico”, remarcó Roses. Esas creencias, al igual que ocurre con el dolor menstrual, limitan que las jóvenes tomen decisiones informadas.
La médica también marcó diferencias según el contexto socioeconómico. Mientras que en el ámbito privado las infecciones de transmisión sexual (ITS) son un tema poco frecuente, aseguró que en sectores con menos acceso a educación y salud la incidencia es mayor.
En ese punto, marcó que la mayor inquietud profesional hoy está puesta en el retroceso en el uso de anticonceptivos y en la pérdida de una conciencia preventiva que parecía instalada años atrás. “A mí me preocupa que vuelvan a no usar preservativo”, advirtió.
Para Roses, el cuidado debe construirse desde la educación y una buena comunicación de la información, además del acceso a la consulta. “Yo crecí con la pandemia del virus del VIH, entonces mi generación creció con mucho miedo. No tiene que volver a suceder eso”, argumentó, en relación con las cifras en ascenso de varias enfermedades de transmisión sexual a nivel país.
En cuanto al entorno familiar, instó a los adultos “a no juzgar”. “El objetivo siempre es que crezcan libres, sanos, que se diviertan, que sea placentero pero con cuidados”, cerró.
Consentimiento, otra preocupación
En el consultorio, abordar la salud sexual no se limita a lo biológico o a la prevención de embarazos o infecciones. Para la ginecóloga infantojuvenil, el autoconocimiento del cuerpo y de las emociones también son puntos de conversación.
Por eso, contó que el consentimiento es un tema que atraviesa las consultas con las jóvenes que ya han iniciado su actividad sexual. “Siempre hago una pregunta cuando acuden a la consulta: ‘¿Fue porque vos quisiste?’”, precisó.
La reacción suele ser el silencio o la duda. “Es impresionante la cantidad de personas que se me quedan mirando y muchas me dicen: ‘Ahora que me pongo a pensar, la verdad que no sé si yo realmente tenía ganas’”.
Así, muchas adolescentes identifican situaciones atravesadas por presión y expectativas propias o ajenas. “Se dan cuenta muchas veces de que lo terminan haciendo con cierta coerción”, afirmó la ginecóloga, quien aclaró que el consentimiento no se limita al inicio de la actividad sexual, también incluye los vínculos, la violencia en el noviazgo y las formas de relacionarse.
Por eso, consideró que trabajar el consentimiento desde edades tempranas es parte de la prevención. “Es algo que insistimos mucho en la consulta, tu cuerpo es tuyo y no es no”, sostuvo Roses.









