A partir de este año, China aplicará un impuesto al valor agregado (IVA) del 13% a los fármacos y dispositivos anticonceptivos, que durante casi treinta años habían estado exentos de tributación. La decisión forma parte de una estrategia más amplia del Gobierno para intentar revertir la caída de la natalidad y el acelerado envejecimiento de la población, dos de los principales desafíos estructurales que enfrenta el país.
Productos como preservativos y píldoras anticonceptivas pasan así a tributar bajo el tipo general que rige para la mayoría de los bienes de consumo, según información a la que accedió la Agencia Noticias Argentinas. El cambio pone fin a una política fiscal vigente desde la década de 1990, cuando el control de la natalidad era un objetivo explícito del Estado chino.
Crisis demográfica persistente
La medida llega en un contexto demográfico crítico. La población china se redujo por tercer año consecutivo en 2024, mientras que la tasa de natalidad cayó a mínimos históricos, pese al abandono de la política del hijo único y a la implementación de distintos incentivos económicos para las familias.
En paralelo, el Gobierno amplió las llamadas políticas “favorables a la fertilidad”, que incluyen la exención del impuesto sobre la renta para subsidios de cuidado infantil, una ayuda económica anual por hijo y campañas en universidades destinadas a promover una visión “positiva” del matrimonio, la maternidad y la familia.
Sin embargo, el descenso de la natalidad en China es un fenómeno de largo plazo, vinculado al legado de décadas de restricciones reproductivas, la rápida urbanización, el encarecimiento del costo de la crianza, la inseguridad laboral y la desaceleración económica, factores que desalientan a muchos jóvenes a casarse y formar una familia.
Medida simbólica y posibles efectos adversos
Durante la Conferencia Central de Trabajo Económico, celebrada en diciembre, las autoridades chinas reiteraron su compromiso de fomentar “actitudes positivas hacia el matrimonio y la procreación” como herramienta para estabilizar la tasa de nacimientos.
No obstante, analistas advierten que el nuevo impuesto tiene un impacto principalmente simbólico y difícilmente logre, por sí solo, modificar la tendencia demográfica. Además, alertan sobre posibles efectos no deseados, como el encarecimiento del acceso a la planificación familiar, especialmente entre los sectores de menores ingresos, lo que podría generar desigualdades sanitarias y sociales.
Se esperaba que, en el año que finalizó, China mantuviera una tasa de fecundidad extremadamente baja, cercana a 1,02 hijos por mujer, con la población total continuando su descenso. Si bien en 2024 se registró un leve repunte de los nacimientos —9,54 millones—, atribuido en parte al Año del Dragón y a factores pospandemia, la tendencia general sigue siendo negativa.
Un país que envejece
China, uno de los países más poblados del mundo, enfrenta además un acelerado proceso de envejecimiento. Desde 2022, el país ingresó formalmente en una fase de declive demográfico, y las personas de 65 años o más ya representan más del 14% de la población, umbral que define a una sociedad moderadamente envejecida.
Según datos oficiales, cerca de 300 millones de ciudadanos chinos tienen 60 años o más, una cifra que podría superar los 400 millones en 2033 y acercarse a los 500 millones en 2050, cuando los adultos mayores representarían casi el 35% de la población total.
En respuesta a este escenario, el país relajó progresivamente sus políticas de planificación familiar en la última década: en 2013 permitió un segundo hijo en ciertos casos, en 2016 eliminó formalmente la política del hijo único y, en 2021, anunció ayudas para las parejas que desearan tener un tercer hijo.
Pese a estos cambios, la crisis demográfica persiste, y la nueva decisión fiscal refleja las dificultades del Estado chino para encontrar una fórmula eficaz que revierta el declive poblacional sin generar nuevos desequilibrios sociales.
Fuente: Agencia de Noticias NA





