Gabriela Gutman, el ángel de las mascotas abandonadas

Actualmente cuida a alrededor de cien perros a los que rescató de las calles de Alem y alrededores. Sanó y brindó todo su cariño, pero por sus manos pasaron muchísimos más, pues siempre está en la búsqueda de adoptantes responsables, algo muy difícil cuando se trata de canes adultos.

05/01/2019 09:45


Todo su amor por los animales lo transmite a su familia, que la acompaña en todo el proceso de rescate, primeros cuidados y demás, especialmente a su hijo, que es quien más la acompaña

El amor y el agradecimiento que tienen los animales hacia quienes dan todo por ellos es incondicional. Lamentablemente no siempre la ecuación es inversa y, a diario, muchas mascotas son abandonadas sin medir las consecuencias. Afortunadamente para muchas de ellas hay ángeles como Gabriela Gutman.

Gran parte del día de esta preceptora leandrina está dedicado a alrededor de un centenar de perros a los que abrió las puertas de su casa, los amparó, sanó y alimentó.

Claro que por sus manos pasaron muchos más, porque siempre está en busca de posibilidades de adopción, una misión nada sencilla (casi imposible) cuando se trata de canes adultos.

Fue de su mamá de quien heredó el amor por los animales, “ella creció en la chacra, le gustaban y cuando hubo oportunidad tuvimos perritos, gatitos, hasta un chivo que rescataron mis tíos en un viaje”, recordó.

Por supuesto que todo este sentimiento ella lo transmite a su familia, que la acompaña en todo el proceso de rescate, primeros cuidados y demás, especialmente a su hijo, que es quien más la acompaña.

“Tuve varios casos críticos, uno de los primeros fue un perro con una miasis muy grande, lo rescatamos una noche muy fría en la plaza, tenía muy comprometida la cabeza, las orejas; también uno que perdió la movilidad de las patas traseras porque se le cayó algo sobre la columna cuando era cachorrito, tiene un carrito con el que camina aunque también se las ingenió para correr junto a los otros sólo con las patas delanteras”, describió.

Para los casos más críticos, Gabriela cuenta con el apoyo de la médica veterinaria Andrea Ahumada. “Siempre me ayuda, a la hora que le llame está dispuesta a colaborar conmigo y darme una mano para curarlos, el amor que tiene por los animales es algo sin igual, lo hace con cariño y por sobre todas las cosas con profesionalidad”. Además, trabaja en forma conjunta con la Asociación Protectora de Animales de Alem.

“Es mucho el trabajo que hay, generalmente los perros que se encuentran en condición de calle están enfermos o con alguna patología, mi aporte sin la atención de Gaby no funcionaría porque el cuidado, el cariño, dar los medicamentos como corresponde, en tiempo y forma, alimentarlos, es muy importante, mi función es dar las recetas y directivas”, reconoció la veterinaria y agregó que “lo más frecuente que se encuentran son enfermedades parasitarias, muchísimas, tanto de hectoparásitos como endoparásitos, bicheras, infecciones de piel, infecciones virales como moquillo y parvovirus, que son las más frecuentes, traumas por accidentes con vehículos, que son muy comunes y los que más cuesta sacar adelante”.

Cuando se adopta una mascota hay que tener presente que “no es el bichito chiquito que llevan a casa por un rato o para después abandonarlo cuando crezca o cuando la perra quedó preñada, uno asume una responsabilidad y tiene que saber que será por unos quince años, es toda una vida, entonces tenemos que estar seguros de tener todos los medios, no es un juguete que uno regala a un niño y cuando se termina la gracia lo tira a la basura. Un perrito, un gatito, un pajarito sienten, sufren como sufriríamos cualquiera de nosotros, entonces hay que ser responsables”, subrayó Gabriela.

En este contexto, Ahumada aportó que “lo primero que tenemos que pensar antes de tener un cachorro es si realmente podemos hacerlo, son muy bonitos, pero son seres vivos, no es un peluche que vamos a recoger y dejar sobre una mesa, tenemos que saber que tiene un costo, tanto monetario como de tiempo, no es vida para un perro estar atado con una cadena de un metro en el patio del fondo, es una responsabilidad de por vida, diez, quince, hasta veinte años, hay que estar seguros de tener las condiciones para sostener su alimentación, la sanidad, vacunas, antiparasitarios, visitas regulares al veterinario, baños, peluquería, contar con un ambiente limpio, un techo, agua potable”.

“Como la mayoría de los perros son adultos, lo que debería ser un hogar de tránsito se convirtió en un hogar permanente”, reconoció Gabriela, al punto que ya son alrededor de cien canes los que cuida a diario, por ello es imprescindible la colaboración, tanto de alimentos, como de medicamentos, pipetas y manos, manos que mimen, que sanen, higienicen, que den amor.