Identificación con el trabajo

Señora Directora:
De un tiempo a esta parte se han dado cuestionamientos a quienes no son orgullosos de su oficio, de su “profesión”, simplemente de su trabajo y eso produce no solamente cierto malestar en los involucrados –que se ven afectados-, sino algunos riesgos que pueden dejar resabios que no son buen recuerdo de lo sucedido.

25/11/2018 23:11


El comportamiento, la conducta de quienes tienen responsabilidades en la tarea o función que desarrollan, es primordial y a la vez una muestra de cumplimiento al 100%, sin sentirse molestos ni demostrar problemas personales al momento de actuar frente a extraños, los cuales esperan ser atendidos de la mejor manera.

A veces se escucha decir:”Es un pobre empleado, qué le podés pedir”. Sin embargo debe cumplir con las directivas de su jefe, el cual asume cierta responsabilidad al darle confianza a su subordinado. “¡No es profesional, es un animal!”, cuando los animales no deben ser comparados con humanos, muchos nos demuestran conductas a tener en cuenta.

Ahora bien, en el caso del “profesional” y más aún al tratarse de quien representa el cuidado y atención de la salud de los seres humanos, debe recordar que al recibirse ha realizado el “juramento hipocrático”, lo cual no es algo simbólico sino un compromiso asumido desde ese momento ante la sociedad para desempeñarse con profesionalismo y responsabilidad. Siempre con la esperanza de sacar adelante el problema que aqueja al paciente, de salvar la vida del mismo aunque la impresión del primer momento demuestre lo contrario.

No se puede aceptar expresiones de un profesional, tales como: “No podemos hacer nada”; “De mañana, no pasa”; “Prepare a su familia que no hay esperanzas”.

Sin embargo, siempre están las personas auxiliares que se encargan de atender permanentemente a los internados y dan esperanza a los mismos, con expresiones como; “Es un gran quemado, que sobrevivió y lo ayudó su papá con su alegría”.
Estudiar una carrera y por apuntar hacia a sus semejantes, debe saber de antemano que se trata de una profesión de primer nivel y la que expone en forma permanente al que ejerce legalmente la medicina.

Hay un viejo dicho popular: “¡Nunca digas nunca!” Y aprende de tus errores con humildad y sinceridad, porque todos nos equivocamos y reconocer errores nos hace mejor persona, dándonos nuevas posibilidades, sin duda alguna.

No les echemos la culpa de nuestros problemas a los demás y busquemos con nuestra actitud que los demás mejoren la suya, para que de ese modo logremos una mejor convivencia. Si se quiere, ¡se puede!

Ernesto Doedderer
Posadas (Misiones)