Gladys RodrÁ?­guez y una partida sin regreso

una de las primeras remiseras de posadas

21/10/2007 00:00

<p align="justify">POSADAS. Gadys Rodríguez (40) era una de las primeras y pocas mujeres en Posadas que se atrevió a vivir del transporte de pasajeros guiando un remís. Vivía con su madre y su hijita de tres años.</p><p align="justify">Cuando aún hoy la actividad es dominio casi exclusivo de los hombres, en 2002 ella todas las mañanas subía a su Peugeot 306 al servicio de Remises San Roque, dispuesta a ganarse el pan.</p><p align="justify">El martes 5 de febrero de aquel año, surgió un viaje a Encarnación. Ella cumplió su misión y en horas del mediodía emprendió su regreso a Posadas. En inmediaciones de la Zona alta, se cruzó con un compañero de trabajo, quien le preguntó si podía llevar a un pasajero hasta el pueblo de San Isidro, a cuatro kilómetros de Encarnación. Ella accedió sin sospechar que estaba en la antesala de su muerte.</p><p align="justify">El cliente hablaba con acento argentino y vestía en forma elegante. Pasaron las horas y Gladys no regresó a Posadas. Los directivos de la empresa comenzaron a preocuparse y decidieron cruzar a Encarnación a preguntar por ella.</p><p align="justify">Al no saber de su paradero, sus compañeros avisaron a las autoridades del vecino país y se inició una búsqueda. Cerca de las 17 encontraron el Peugeot 306 en San Isidro, abandonado a la orilla de un monte, al que se accedía atravesando altos matorrales. En torno al rodado existían sobrados detalles, pero los más relevantes eran la ausencia de la remisera y gran cantidad de sangre en el interior del Peugeot. Los papeles desparramados, una mochilla abierta y gran cantidad de polvo del matafuegos, denotaba una gran lucha.</p><p align="justify">La policía paraguaya también encontró tres cuchillos ensangrentados.</p><p align="justify">La búsqueda de la desaparecida se prolongó durante varias horas, pero con resultado infructuoso. Recién al día siguiente, a las 9.30, un lugareño encontró el cadáver en un matorral, a unos mil metros del auto de ella. Presentaba quince puñaladas, señal de un inusitado salvajismo. A más de cinco años, el crimen sigue impune.</p>