Arquitecto interminable del humor

en el instituto montoya

23/09/2007 00:00

POSADAS (Por Marcelo Melo). Muy pocas veces se constató una ovación interminable como la que el público misionero le prodigó a Antonio Gasalla en la noche del viernes, día de la primera de tres funciones. Fue el premio a una hora y media de encuentro con este arquitecto interminable del humor. Esta noche, en el mismo escenario, el legendario artista argentino se presentará por última vez y, seguramente, algunos de los que fueron a las dos primeras funciones, repetirán esa experiencia prodigiosa de reír e iluminarse gracias al humor.De impecable frac violeta, Antonio apareció en escena cerca de las 22 y los aplausos presagiaron un león rendido a sus pies, el público. No quedó ninguna butaca sin ocupar y la gente se retiró del recinto altamente satisfecha. Vestido elegantemente se dedicó en un principio a desarrollar el arma mortífera que posee, su alta capacidad para monologar sobre temas de actualidad. Y no dejó títere con cabeza, abordando temas de política, sexo, farándula (cómo ligaron las vedettes que monopolizan la pantalla de la televisión, llámese Alfano, obvia referencia a su separación de Alé y su ¿falso? título de ingeniera; la Casán, aludiendo a sus enésimas cirugías estéticas). Cristina K también fue centro de su parlamento, enfocando y trastocando el juego dialéctico entre botox y votos, que la candidata buscará monopolizar en octubre. Culminó esta primera parte, antes de abordar sus célebres personajes, jugando con el público, metiéndolo en un juego que él fue guiando, dividiendo a la platea en dos, por un lado debían canturrear con la palabra culo y por el otro, con el término teta. Una propuesta lúdica para descomprimir y quitarle a las palabras el manto de malas que le impone el hombre.Mamá Cora y másEl final del espectáculo fue con el personaje más esperado de la noche: Mamá Cora, la misma que se hiciera conocida en la película Esperando la Carroza. Antonio se cambió frente al público, detrás de un biombo, mientras contaba, a su manera, chistes conocidos. Mamá Cora deambuló por el escenario con sus habituales lecturas de jubilada y fue un desparpajo. Tanto que la gente explotaba a carcajadas a cada rato. Y llegó el final, con la gente yendo hacia al escenario a recibir una caricia del artista a sus manos.Antes desfiló la psicóloga. Ahí, tal vez, fue el momento menos cómico, ya que no tuvo una partenaire a su altura. Mucha lectura de sexo en este capítulo. Y minutos después la enfermera, desopilante por doquier, desnudando y criticando el mal funcionamiento de la salud pública, aunque destacó a los trabajadores de la sanidad, que todo lo arreglan con alambre.Finalmente hay que destacar que un alumno del director de teatro local, de Ricardo Boichuk, actuó en el sketch de la enfermera. Fue mucho, valió altísimamente la pena. Antonio, volvé, necesitamos reír frecuentemente.