El dilema de los indocumentados paraguayos que viven en Posadas

La mayoría vive en humildes barrios

19/09/2007 00:00

POSADAS.  El sondeo de inmigrantes  que las distintas asociaciones civiles llevaron a cabo en toda la provincia como parte de  la primera etapa del programa Patria Grande, arrojó una serie de datos que determinan que la enorme mayoría de los 18 mil extranjeros visitados son paraguayos de escasos recursos económicos, de los cuáles -en caso de no modificarse el sistema de cobro de visados, sólo un 10% podrá acceder a la segunda etapa del programa. En la zona Sur, de los 11.610 inmigrantes indocumentados registrados, 4.598 fueron relevados por la Comisión Vecinal de la chacra 233, que encabeza la responsable del Programa de Regularización Documentaria, Carmen Wagner. Esta asociación fue la que mayor cantidad de trámites inició de las 22 instituciones que abordaron esta primera instancia del programa. Del extenso informe de la comisión vecinal, se desprendió que los barrios donde se detecta mayor afluencia de ciudadanos paraguayos en esta capital son las chacras 252, 254, 255, Nemesio Parma, Cruz del Sur, Santa Clara, A-4, A-3-2 y Nueva Esperanza, entre otros.  Entre los motivos que llevaron a estos miles de paraguayos a abandonar su país y afincarse en Posadas, en primer lugar predomina ampliamente la cuestión laboral, que en el vecino país se agravó notoriamente tras la finalización de la represa Itaipú en 1985. Otros consultados, arribaron varios años antes, huyendo del extenso régimen del dictador Alfredo Stroessner. Esta semana, PRIMERA EDICION visitó algunos de los barrios antes mencionados y recolectó historias de algunos paraguayos que afrontan a diario los beneficios y pesares de vivir lejos de su país originario, bajo el estigma de la indocumentación. Toda una vida sin documentoSanta Clara es un barrio de la periferia posadeña, donde todas las casas son de madera y en el que habitan docenas de familias paraguayas. Una de las vecinas más populares es Trinidad Avalos, de 77 años de edad y madre de catorce hijos, todos ellos argentinos. Nacida en   Carmen del Paraná   (Sur de Paraguay), Trinidad llegó a Misiones siendo una niña y nunca accedió a un documento de identidad, situación que podría cambiar si supera la segunda etapa del programa Patria Grande. “Primero me trajeron a Candelaria. Vine y me crié con mi abuela. Ahí fui a la escuela. Conozco Puerto Rico, Oberá, Capioví, Montecarlo, Eldorado, todos lados. Más adelante, con mi marido juntábamos tung y tarefeábamos, y en cada lugar iba teniendo un hijo. Tengo catorce hijos en total, muchos nacieron en distintas localidades” contó la anciana. Sobre aquel pasado, Trinidad recordó que “corríamos de todos lados para trabajar donde se ganaba mejor. Tuve siete mujeres y siete varones.  Mis hijas grandes criaron a los más chicos”. Durante muchos años, Trinidad fue pasera. En ese tiempo, relató que “crié un nieto que hasta hoy me dice mamá. Ese nieto, un día me dijo mamá, no quiero que trabajes más. Y ahí dejé. El desde chiquito me iba a esperar para ayudarme a cargar los cajones de tomates y las bolsas. En esa época era más sencillo todo para las paseras. Había aduaneros más humanos”.En el Santa Clara, ella y su esposo viven desde hace 23 años. Con respecto a la posibilidad de acceder a su DNI, Trinidad afirmó que “si bien nunca tuve grandes problemas porque mi marido es argentino, voy a estar muy contenta el día que me llegue mi documento”. El drama de la indocumentación Dionisia Cáceres nació en Coronel Bogado y dejó Paraguay cuando tenía 17 años, hace ya dos décadas. Tras haber vivido en otros vecindarios, desde hace un buen tiempo es vecina de la chacra 252, una humilde barriada que contiene a más de cien familias paraguayas. Para ella y sus cinco hijos paraguayos  (tiene otros cuatro hijos argentinos) la falta de documentación fue causal de una gran cantidad de desventuras y maltratos. Hoy, Dionisia ya cuenta con la radicación, aunque sigue gestionando los documentos de algunos de sus hijos. “Desde que tengo el documento cambió todo para mí. Por ejemplo, cuando voy al hospital nos atienden mejor ahora que tenemos documento. Pero antes, todo era sufrimiento. Una vez me atropelló un auto y cuando llegué al Madariaga no me querían atender porque no tenía dinero, y cuando nació una de mis hijas, no me la querían entregar hasta que no pagase 400 pesos” recordó Dionisia, en relación al arancel que le cobran a las madres indocumentadas en el hospital misionero. Una de las hijas paraguayas de Dionisia se llama Antonia y estudia en la escuelita del barrio, la 835. Sobre ella, Dionisia contó que “a pesar de que tiene el mejor promedio de la clase, el director me dijo que como no tiene documento no puede ser abanderada”.     Vivir escondidoOtro ciudadano paraguayo consultado fue Alcides González, quien llegó desde su natal Encarnación a vivir con unos familiares en el barrio Nueva Esperanza. Alcides tiene 29 años y lleva tres  tramitando su documento, hasta ahora sin suerte, ya que es de los paraguayos que no fue visitado por los promotores del programa Patria Grande. “Es una pelea constante conseguir el documento sin tener más que la partida de nacimiento. Yo lo necesito porque trabajo como albañil y necesito tener algún registro de identidad para que no me basureen” explicó González, un obrero que trabaja en un par de construcciones a la vez, y que además se las arregla haciendo changas en su barrio. Sobre su diaria labor de albañil, contó que la misma se vuelve un calvario cada vez que arriban al lugar ciertos inspectores. “En todos lados los capataces nos obligan a permanecer escondidos cada vez que llega alguien a controlar quiénes están trabajando. Es horrible tener que estar ocultándose como si uno fuera un delincuente. Sólo estamos trabajando. Para colmo, los patrones, al darse cuenta que somos indocumentados, nos pagan mucho menos que a los demás albañiles, aunque hacemos lo mismo”.Malos tratosSon constantes las quejas por malos tratos que reciben los paraguayos en la cabecera argentina del puente internacional Roque González de Santa Cruz. Las víctimas, no son sólo las tradicionales paseras, sino también todo aquel paraguayo que presente algún tipo de irregularidad en sus registros. Recientemente, una empleada doméstica llamada Celia, recibió su documento de identidad ya vencido. Sin ser advertida en el Registro de las Personas, intentó cruzar a Encarnación. “En el puente me sacaron el DNI y me dijeron que debía abonar una multa de 50 pesos, y que sino no me devolvían el documento. Expliqué que me lo habían entregado el d&iacu
te;a anterior, y me contestaron que si seguía protestando me  iban a expulsar del país”. En este caso, lo que correspondía, era que a Celia se le informase sobre el trámite que debía efectuar para regularizar su DNI. Sin embargo, la desinformación y el agravio son moneda común en estas situaciones.