La primavera de un pintor

rogelio "kelo" hidalgo

16/09/2007 00:00

POSADAS (Por Pamela Elizalde). Siempre es buen tiempo para mirar hacia adentro y ver las materias pendientes, los proyectos postergados, los sueños dormidos y comenzar a concretarlos.Siempre se puede encontrar algo nuevo y volver a empezar… siempre se puede florecer. Rogelio César Hidalgo, “Kelo”-como se lo conoce- sabe de esto. Hace cinco años, como una semilla, el arte se instaló en su vida, echó raíces fuertes y despertó en él la pasión por el dibujo y la pintura, y por todo lo que refleje la vida de campo. Se convirtió así, en un ferviente admirador de la obra de Florencio Molina Campos (1891- 1959) y comenzó a recrear los dibujos de las series de almanaques de la Fábrica Argentina de Alpargatas en 1930, entre otros trabajos, en los que el artista plasmó su indiscutible talento.Un día, sin saber de técnicas, Kelo sólo tomó el pincel y comenzó. Hoy, a los 75 años, lleva realizados más de cuarenta cuadros, entre las reproducciones de Molina Campos, y las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y de Cristo crucificado.El jueves, Hidalgo recibió a PRIMERA EDICION en su casa de la chacra 148 de Villa Cabello y compartió memorias de sus épocas de canillita, de Campeón Nacional de Bochas; destacó a su familia, su obra más preciada, al tiempo que nos mostró sus cuadros y se refirió a esta nueva etapa de su vida, la de pintor.Hidalgo se casó con Belkis Lunedei y fruto de ese amor nacieron María Inés y Claudia, que a su vez le dieron cinco amados nietos: Fabricio, Martino, Mayra, Sergio y Aymara.Al llegar a Misiones, Kelo y su esposa fueron a vivir a la chacra 148 cerca de otras dos familias. “Eramos los primeros tres en el barrio, ahora somos como sesenta mil en Villa Cabello”, acotó.¿Cómo eran esos tiempos de canillita?Buscaba los diarios en el centro. Cuando llovía íbamos a pie a buscar el diario, mi señora o yo… la peleábamos. En las proximidades, había 115 viviendas y acá lo vendíamos nosotros, después llevaba para la zona del Rowing, porque allí tenía un cliente que vivía alejado de la ciudad. Como canillita saqué a una hija ingeniera y a otra contadora (cuenta con orgullo).BochófiloOtra faceta importante en la vida de Rogelio fue la de deportista, en su taller de pintura resalta una repisa repleta de trofeos. “Fui a quince campeonatos argentinos, ocho como jugador y siete como técnico”. En 1974, recibió el premio al “Mejor deportista del año”, entre otros reconocimientos por su trayectoria. “Hace algunos años ya no juego”, comentó Kelo.¿Qué lo llevó a pintar?No sé como explicarlo… en realidad, siempre me gustó la pintura, antes pintaba mucho de Walt Disney, hacía para mis hijas cuando eran chicas, para los nietos. Para los días del cumpleaños les hacía un telgopor grande con el dibujo elegido. Nunca estudié dibujo, duré quince días en un estudio porque no me convencía. Es que yo hacía el dibujo, la profesora me arreglaba las caras y a mi no me convencía, entonces dejé.¿Cómo se fue dando ese proceso autodidacta?Comencé con pintura para tela, pinté sobre madera, pero no me gustaba como quedaba. Entonces, seguí buscando y probé con óleo, sobre madera primero, y después sobre lienzo y allí me gustó. Aprendí sólo a trabajar con óleo, preguntando, probando. Como lo veo lo hago, no me gusta hacer paisajes. De Molina Campos, me gustan los caballos, en realidad me gusta todo. Sé mucho de su historia, porque también leí mucho sobre él. Soy un gran admirador de su trabajo.“Los saco con lupa”Kelo re-significa las obras de Molina Campos, esto es, con una lupa observa en detalle los almanaques de bolsillos con los dibujos de Molina Campos, que fue recolectando, y una vez en el lienzo, les da color según sus gustos y a veces agrega detalles. A la vez, busca que los personajes salgan proporcionalemnte parecidos. “Los saco con lupa. Primero observo los detalles, calco en una hoja, lo divido en centímetros y lo multiplico, entonces allí no falla, no va a ser cosa que la cabeza quedó grande o el cuerpo, es sólo para sacar exactas las proporciones, después lo paso al lienzo, pero lo dibujo yo”, detalla Kelo, al tiempo que añade que “el pueblo mío era tan chiquito que el campo estaba ahí, tenía parientes en el campo. Conozco y hay cosas del campo que le agrego”.“Poco a poco, fui consiguiendo los almanaques, hago réplicas. Claro que les cambio de colores y todas esas cosas porque los almanaques de él eran en blanco y negro, el color apareció después”, señaló Hidalgo.¿Vende sus cuadros?Sí, algunos vendo, tendría que exponer para que conozcan lo que hago.Orgulloso de sus obras, Kelo muestra cada una con la alegría similar a la expresada cuando uno presenta a un hijo. “Por ahí veo algo que me va y no lo dejo hasta que no pinto. Hay cosas que no me salen y de noche me despierto y estoy pensando, al otro día me levanto y lo hago”, comenta el persistente pintor.¿Qué significa el arte en su vida?Me da paz, voy a la piecita, pinto y soy capaz de quedarme todo el día allí, es como una terapia.¿Y acostumbra a amanecer pintando?No, porque mi señora me reta (dice con picardía y entre risas).Pinto dos o tres horas por mañana, en una semana termino un cuadro. Son complicados porque tienen muchos detalles, no es un paisaje que uno lo va haciendo, aparte, el óleo no seca instantáneamente, lleva tres o cuatro días porque va secando de a poco.¿Cuál es su sueño?Hacer una exposición, tengo una cantidad bastante grande de cuadros. Me gustaría que los vean y compartir esto que hago.Después de años de trabajo y ya jubilado, Rogelio “Kelo” Hidalgo eligió una actividad que le diera paz, que le regocije el alma, derrumbando así uno de los tantos mitos que asocian a la vejez con la inactividad, con sentarse a ver la vida pasar. Kelo se reencontró con su deseo de pintar y a los 75 años, enseña, a través de su propio ejemplo, que: el alma no envejece, que siempre es tiempo de comenzar y que como las plantas en la primavera, el arte florece en su vida y viceversa. Kelo vive maravillosamente la primavera de un pintor.Pintar a JesúsTomando como base estampitas de Jesús, y a pedido de su hija María Inés, Rogelio “Kelo” Hidalgo se lanzó al difícil desafío de convertir esa imagen en un cuadro de mayores dimensiones, y el resultado “fue impresionante&rdq
uo;, asegura. “El cuadro de Jesús, que mi hija tiene en su living, salió muy bien, con una expresión que hasta le impresionaba a mi yerno y a la amiga de mi hija cuando se juntaban a estudiar. “Mientras pintaba a Jesús lloraba”, rememora Kelo, al tiempo que asegura que “soy creyente, hasta fui monaguillo”.