Distinciones Atahualpa Yupanqui para folkloristas solidarios

fueron entregadas en eldorado

17/09/2007 00:00

ELDORADO. La poeta y trabajadora del turismo Blanca Estela Pan (Puerto Iguazú); el cantautor regional Braulio Ramón “Caraicho” Toledo (Andresito); el músico y compositor, precursor del folklore en la frontera Luis Galeano (Bernardo de Irigoyen); un hombre de radio y presentador en las fiestas del Reviro y de la Flor, Ramón Barbudez (Montecarlo); el solidario músico y trabajador cultural José Barrios (Eldorado), el docente y fundador del Festival Infantil del Folklore, José Mercedes Giménez (Jardín América); el músico y descubridor de jóvenes talentos, Roberto Christen (Puerto Rico); la profesora de danzas nativas Rossana Sánchez, directora de El Fogón y el periodista y escritor Esteban Abad (ambos de Posadas), fueron los galardonados con el premio Atahualpa Yupanqui.Se trata de una estatuilla que representa el busto del genial creador, exponente máximo del folklore argentino, que otorga el Centro Cultural Atahualpa Yupanqui de la ciudad de Mendoza y que en Eldorado posee una delegación que está a cargo de la profesora Lidia Ramírez. En Mendoza preside la Comisión Ejecutiva el profesor Daniel Albornoz, figura presente en todos los grandes festivales del país junto a la profesora Dora Eyra. El premio y su entrega en Eldorado, realizada en el salón del primer piso de la Coopertaiva del Kilómetro 9, contaron con la aprobación del centro, el que su vez recibió el placer de la Fundación Atahualpa Yupanqui, presidida por el hijo del autor de las Coplas del Payador Perseguido.La sorpresa y los cómplices En el marco de una ceremonia sencilla pero emotiva y no exenta de humor, la entrega se realizó con invitados especiales y amigos de los premiados quienes, tras recibir la estatuilla dijeron emocionadas palabras, teniendo como centro discursivo el agradecimiento.  Lo de “humor” fue que nadie sabía exactamente a qué venía a Eldorado ya que cada premiado había sido “víctima” de una “trampita” a los efectos de que asistieran y de que el premio concedido fuera una sorpresa. De hecho cada uno arrancó sus palabras diciendo “cómo lo habían convencido”.No obstante, al agradecer, también exaltaron la identidad, la solidaridad y el compromiso de los artistas desde cualquiera que sea su lugar en el arte. Precisamente, las premisas de la nominación para los premios es tener trayectoria en el ámbito folklórico nacional, ser conocido por sus actitudes solidarias y constituir una familia arraigada en el lugar de residencia. Por ello cada uno de los premiados accedió “al podio” con una data curricular muy nutrida y destacada. Noche feliz para todos Fue una noche feliz para los participantes desde cualquier ángulo de la fiesta: para los premiados por lo que el galardón y su nombre significan; para los organizadores porque sólo uno de los nominados (por razones de fuerza mayor) no pudo estar presente y porque el público respondió en forma masiva. Para el público: las danzas, las canciones del dúo Christen – Galarza, el canto de Barrios, la zamba que bailó Rossana Sánchez, el baile de proyección y estilizado de la Academia Martínez Alva y el lunch final, motivos de aplauso a los que se sumó el conocer a casi una decena de creadores a los que no habían podido ver en muchos casos, personalmente.Es de señalar que una delegación posadeña viajó al encuentro: los premiados lo hicieron por gentileza de la Subsecretaría de Cultura que cedió los pasajes. “La barra”,  en la combi de la librería 6 de Junio, cuyos propietarios Norma y Emilio, en un gesto que muestra una vez más su condición de militantes solidarios de la cultura los transportaron hasta la Capital del Trabajo y de regreso a Posadas. En Eldorado fueron innumerables las gentilezas de la familia de Lidia y César, sus hijos y los integrantes de la comisión del Premio Atahualpa Yupanqui.Era un viernes, día cabalístico de noche lluviosa; en fantástico aquelarre pitonisas y sacerdotes de la poesía y la danza; de la melodía y la palabra rendían culto al vate mayor: Atahualpa. En la mesa un vino generoso, blanco como los sueños o rojo como las pasiones, embriagador como el amor y grato como la amistad llamaba a la ceremonia final: el brindis.