Mientras las inclemencias meteorológicas insistían en tomar la ciudad el viernes por la noche, las cuerdas se apoderaron del Teatro Lírico del Centro del Conocimiento, en el marco del XXIII Festival Guitarras del Mundo, organizado por la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), en un espectáculo que durante más de 120 minutos cautivó al público y en el que las ovaciones de pie y los pedidos de “otra” se repitieron con el paso de cada artista.La chiquita Marta Lerra, con sus doce años, tuvo la responsabilidad de abrir el encuentro, por el que pasaron también Camila Vera y Gisel Medina, ambas alumnas de la Escuela de Música.El espacio cedido a Marcos Domanchuk, qué decir, un desborde de talento al que sumó para las últimas piezas su profesor, Sergio Bosser, para interpretar a dúo un tango, una milonga y un candombe.La tristeza dejó caer su manto sobre el auditorio cuando se comunicó el fallecimiento de “Carlitos” Acuña, eximio guitarrista del norte misionero. Federico, su hijo, debía estar presente en el concierto para completar un trío con Loreley Kitegroski y Ángel Garrido y, como para un músico no hay nada más reconfortante que la música, sus compañeros decidieron decir presente, el pequeño Thiago Kitegroski, con apenas nueve años, tomó los palillos y se puso al frente de la batería, y dedicaron su espacio a su amigo, en tan difícil momento.La oportunidad fue propicia también para dejarse llevar por las melodías del luthier Milán Cardozo, cuyos dedos acariciaron con magia las cuerdas del arpa, mientras la guitarra de su hijo Adrián completaban bellas melodías.Más de una hora y media había pasado ya sin que el público siquiera lo perciba. Entonces, Mirta Álvarez subió al escenario. Tangos, milongas y hasta un chamamé propio “brotaron” de su guitarra. Y, aunque el tiempo apremiaba, volvió para un último tema, “Volver”, antes de ceder el lugar a Pablo Márquez, que cerró un festival de primer nivel, con la promesa de repetirse el próximo año.Fotos: Gentileza G.Spaciuk





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