Supe haber encontrado un nuevo camino: Zen . Y es válido creer aún ahora, que realmente lo hallo; apenas le faltaba una manera de mencionarlo; y mencionarse a sí mismo.Se llamó, Basho. Lo llamó Haiku.Una mujer al teléfono un hombre al otro lado de la línea, el Zen, los pájaros y el viento.Quizás puedan los versos reunir en páginas que vienen, de dos mundos, mucha vida, tanto tiempo. Quizás los versos, si uno se atreve a transmigrar con ellos, a buscar lo sencillo y encontrarlo. Aquellas siembras y la cena en casa, aquellas ciruelos y el ciruelo del jardín de la abuela, aquellos inviernos y la estufa, con quebracho.Seguramente los versos podrán y los Haikus de ahora nos sumarán a la historia sin saberlos, y yo podré entender otros pedazos de mi vida, mientras extraño ese pasado de ilusión que ya no existe.Son cinco;siete,cincoson las cifras exactas de esta trampa de silabas, que aunque ya esté perdidome contiene,y ahogo mi escritura en cinco;siete,cinco silabas.Nada más son palabrasQue me guardan cautiva,Números esotéricos que encierran los tres seis,donde declino.Haiku un buen amigo ríe de tu risaque lloras solo.Miro adelante los espejos reflejanlas cosas viejas.Si no lo logran las primeras palabras,las demás sobran.Crea coloressi a tus tardes de lluviaagregas arcoíris.Aurora Bitó[email protected]





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