Si tuviera que explicar el mundo diría que cada uno tiene el propio con sus cosas peculiares. Hablaría desde una mañana otoñal tapizada de flores amarillas, que van cayendo dulcemente de mi árbol.Y al ver la esquina de mi calle, en su punto convergente con las otras, me doy cuenta del tiempo transcurrido. Cuando llegué aquí, eran polvorientas, con sus altas tipas regalándonos sus sombras.Y con nostalgia regreso a este tiempo de primeras vivencias, porque de ello se nutre mi mundo y yo experimentaba las emociones y los sinsabores de una vida matrimonial. Eramos tres, sí tres, mi marido, mi suegra y yo.Sobreviviendo, perdiendo ciertos caprichos y cediendo, para ganar serenidad, tolerancia y lograr así, una buena convivencia, que resultó más fácil de lo pensado. Por todo esto reitero, mi mundo se nutre de lo que a diario experimento en cosas movilizadoras, en la contemplación que me transporta, en ver crecer a mis nietos… En mirar detenidamente los viejos muros de esta casa, porque aquí fundamos los cimientos de la familia. Cimientos asentados en barro, con caprichosas humedades que no podemos sacar. Después con los hijos, construimos habitaciones nuevas, que dieron un impulso vital y renovador a mi vida. Construimos un lugar para mí en el mundo, con una ventana amplia que da luz al ambiente y otra más pequeña y alargada hacia el sur, donde podía ver florecer la Santa Rita vestida de fucsia y como encantada quedaba prendida a su mágica belleza.Sobre una mesa, la luz del sol filtraba en gamas de colores, allí se gestaban los poemas, los haikus, los monólogos, las narraciones, de gente que gusta y ama la escritura. Jugábamos con las palabras y las musas se acercaban a alimentar nuestra imaginación.Mi mundo es éste, una torre de palabras que van cobrando sentido en los versos … “…llueve amarillo sobre /mis hombros/dulcemente y yo respiro /la fragancia de sus flores/hasta quedarme dormida”. Luara Elena Bermúdez Tesolin • Ha visitado varias veces Posadas y Oberá. • Poeta, cuentista. Laura Elena Bermúdez Tesolín nació en Santa Fe a mediados de la década del 50. Vive en su ciudad natal pero de cuando en cuando inicia un periplo que puede conducirla a Misiones o a Francia. Entonces renace en versos, impulsada por la Luna de Octubre*, que como Cupido la asaetea y desnuda poco a poco su alma. Su sensibilidad la descubre sorprendiéndose en los Caminos Del Silencio *, los que de la mano de su inefable nieto Vito los transita. En síntesis Laura Elena se siente madre, abuela, esposa, amante, amiga y sencillamente Mujer de Agua*. * Títulos de sus libros.




Discussion about this post