ELDORADO y POSADAS. Las fechas especiales no son fáciles tras los muros. La última Semana Santa no fue una excepción en la Unidad Penal III de Eldorado, donde un grupo de internos tenía previsto organizar un motín. Los investigadores creen haber confirmado esa teoría a última hora del viernes con el hallazgo de dos armas de fuego semienterradas en un patio interno. Más tarde secuestraron “chuzas” y otras armas. Estaba todo listo para una sangrienta revuelta.El descubrimiento fue alrededor de las 23.30 de ese día en el patio de recreo del Módulo B, según explicaron las fuentes a PRIMERA EDICIÓN. Desde allí nacería el levantamiento que no fue, en buena parte debido a que desde el Servicio Penitenciario Provincial se refuerzan los controles para fechas especiales, afirmaron las fuentes.Efectivos de inteligencia de esa fuerza trabajaban desde hace semanas con el dato que finalmente se confirmó horas atrás. Ante la confirmación de que las armas efectivamente habían entrado al penal, con la peligrosidad que ello significa, se ordenó una requisa en dicho pabellón.El resultado fue positivo y heló la sangre de propios y ajenos. Es que pudo haber sido una masacre. Dentro de una bolsa de plástico semienterrada en el patio del lugar estaban los dos revólveres, uno calibre 38 milímetros y otro calibre 32, según le confirmó el Alcaide Mayor Martín Acosta al Canal 9 de Eldorado. “Uno tenía una munición y el otro estaba vacío. Esperamos que haya sido lo único que pudieron ingresar”, confirmó el penitenciario.Acosta reconoció además que ayer por la mañana se realizó una nueva requisa, mucho más minuciosa que la anterior, en los dos módulos en los que está dividida la prisión eldoradense. “El resultado fue el secuestro de varios elementos punzocortantes de fabricación casera, lanzas preparadas para una gresca de gran nivel, y teléfono celulares”, afirmó el funcionario, quien agregó que “lo importante es que se pudo sacar una gran cantidad” de las conocidas popularmente como “chuzas”. Las autoridades informaron además que no hubo incidentes y que no se registraron lesionados.En paralelo, se inició también una investigación a los fines de establecer cómo llegaron esas armas al interior de una cárcel, cuestión de suma gravedad. Fuentes del caso le contaron a este diario que las teorías al respecto son dos: la primera apunta hacia un grupo de presos en período de prueba que goza de la confianza de los penitenciarios y que comparte salidas transitorias de día con noches tras las rejas. La otra hipótesis, mucho más grave, tiene que ver con la connivencia de penitenciarios con los internos. Nada está descartado.Además del trabajo de inteligencia, el hallazgo de los revólveres también fue posible en buena parte por los “códigos” que se manejan en el interior de la cárcel y que los penitenciarios conocen. Es que durante la última Semana Santa y los días previos se notaba una “tensa calma” en los pabellones. “Cuando la población está tranquila, eso no es buen augurio, porque en fechas como estas, donde la familia se reúne, se nota mucho la ansiedad”, reveló una fuente de experiencia en el interior de los presidios. Pudo haber sido una masacre pero, esta vez, todo terminó en calma.





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