POSADAS. Es un trabajo que parece chiquito pero no lo es. Un trabajo voluntario que día a día, semana a semana, canaliza aportes de toda la comunidad hacia un objetivo concreto y muy importante: asistir y acompañar a los pacientes internados en los hospitales Escuela de Agudos “Dr. Ramón Madariaga” y de Fátima de Posadas, y también dar contención a sus familiares. El trabajo de la asociación civil Voluntades tiene un alto impacto en la vida de estas instituciones ya que además de este acompañamiento personal, también responden a pedidos de los diferentes servicios que funcionan en el hospital. Este año caminan sus catorce años de funcionamiento como ONG, aunque su fundadora, Maia Ayrault ya lleva unos 23 años en esta tarea solidaria, siempre con el respaldo de José Aguirre, su esposo y compañero de la vida. Desde 2013 Voluntades tiene su propia base de operaciones en un monoambiente ubicado en el edificio Juan Pablo 7º, de avenida Santa Fe 1446, 2º piso “G” (casi 25 de Mayo). El palacio de las donaciones“Los miércoles y viernes de 16 a 18 venimos a clasificar las ropas, para hombre, mujer, niño. Yo me encargo de coser o hacer algún arreglito si hace falta y después van al lavarropas”, contó Blanca Rojas, una de las voluntarias a PRIMERA EDICIÓN. Trabaja en la máquina de coser que Voluntades logró adquirir hace poco. Sobre la larga mesa de tareas, se despliegan todo tipo de ropas que sus compañeras clasifican y doblan. Luego las colocan el bolsas de consorcio con sus respectivos rótulos escritos en papelitos: “ropa mujeres”, “ropa niños” o también, “ropa feria”, que se destinarán a la venta en la feria americana que este año será el 2 y 3 de mayo en el salón de la capilla Stella Maris de la costanera de Posadas.El monoambiente, pequeño pero de corazón grande, es donde guardan las decenas de cajas y bolsas (algunas están un estante en el baño), y pilas de revistas que depositan en un hueco en el pasillo de acceso. “En la cochera del edificio, el lugar que corresponde a este departamento, lo usamos también como depósito para guardar parte de las donaciones”, contó Maia. Es que la comunidad de Posadas y alrededores conoce el trabajo serio que realizan y canalizan su colaboración hacia esta ONG.Lavarropas propio“El año pasado con lo que recaudamos en el Festival de Danzas de Teresita Sesmero (cada año lo recaudado por la presentación de esta academia que realizan en el auditórium Montoya es destinado a Voluntades) compramos este lavarropas”, contó Ayrault, señalando el artefacto que estaba en pleno funcionamiento. En el pequeño patio del monoambiente dispusieron una soga para colgar las prendas lavadas. “Las voluntarias siempre vienen de a dos. Mientras clasifican la ropa, pasan otra tanda por el lavarropas para darle un enjuague y cuelgan en la soga. Antes de irse, descuelgan y guardan”, agregó Maia, señalando que antes ese trabajo lo realizaban las voluntarias en sus casas, lo cual era más complicado porque había que llevar y traer las prendas “y ponían los gastos de jabón y luz, de su bolsillo”, dijo.Compromiso y amorPara Lorena Gatti, estudiante universitaria, ser voluntaria es un bien de familia ya que gran parte de su familia participa en esta asociación. “Tengo una vocación de querer ayudar, un poco por eso es que elegí la carera de nutrición que estoy estudiando”, indicó la joven mientras doblaba algunos pantalones para colocarlos en una bolsa con su correspondiente cartelito “Ropa hombre”.“Desde este lugar puedo ayudar a las personas que no tienen las posibilidades que yo sí tuve”, agregó.Expandiendo la ayudaÁngela Gatti, más conocida como “Lita” es la tía de Lorena. Esta mujer concurre semanalmente al Hospital de Fátima que, según indicó Maia, vendría a ser la sucursal número uno de Voluntades. Allí cuentan con un ropero donde van guardando y reponiendo los elementos que solicitan los pacientes, médicos y enfermeros, tales como productos de limpieza, sábanas, ropa y otros.“Ya llevo varios años colaborando y siempre tratando de hacerlo lo mejor posible”, señaló Lita. Claudia Iseli (31) es su compañera de tareas todos los miércoles y viernes en el monoambiente. “Nosotras somos las sarmientitas, somos las que venimos fijo esos días. Cuando pueden se suman otras”, indicó Iseli.Mientras trabajan “el tiempo pasa volando”, indicaron. “Conversamos, tomamos un mate, y organizamos la ropa”, señalaron ambas.Si bien tiene el compromiso de venir esos dos días a la semana, hay situaciones, por ejemplo cuando llueve muy fuerte que no pueden acercarse a cumplir su trabajo voluntario ya que deben tomar dos colectivos para venir desde Miguel Lanús. Acciones pequeñas, acciones gigantesUna familia que dona una bolsita con ropa de bebés y niños, una abuela que teje gorros cuando le sobra un tiempito y retazos de lana, un papá que entrega revistas y algunos libros, un pequeño grupo de voluntarios que se reúne cuatro horas por semana a clasificar las ropas y dejarlas listas para entregar a los pacientes de estos nosocomios. Estas acciones chiquitas y constantes son las que dan vida a Voluntades. Y son acciones que se acrecientan cuando esos elementos llegan a las manos de las personas que los necesitan. Porque sólo una persona internada y aislada en una habitación sabe el valor que tiene recibir una revista, aunque sea del año 2010, para poder leer y despejar su mente. Sólo un familiar que duerme en el patio puede dimensionar el valor que tiene un gorro de lana entregado con una sonrisa por estos voluntarios. El grupo Voluntades lo sabe, y actúa para dar esas respuestas. Y eso habla de una gran capacidad de empatía, de ponerse en el lugar del otro, de sentir el dolor o la preocupación de un prójimo desconocido, como propios.Las visitas de los martesLos martes por la tarde Maia, José y dos o tres compañeras voluntarias llevan las donaciones al Madariaga. Habitación por habitación visitan a los pacientes, hablan con sus familiares y les entregan revistas, libros, alguna ropa que necesiten. Y realizan los tradicionales sorteos de regalitos, además de las coreografías y algunos chistes para amenizar el ambiente. También cuentan con un banco de ortopedia -el único en la provincia- desde el cual proporcionan férula, muletas y otros elementos en calidad de préstamo. Ese mismo día también recogen los pedidos que los distintos servicios del Madariaga les realizan por medio de p
apelitos que pasan por debajo de la puerta de “la cuevita” de Voluntades, una pequeña habitación que les sirve de depósito in situ. “Solicitan champú, cepillo de dientes, maquinitas de afeitar, entre otras cosas”, indicó Maia.





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