“Creemos que Knack pudo sacar la capucha a uno de los atacantes y, al reconocerlo, decidieron masacrar a toda la familia”, consignó uno de los detectives asignados a la investigación de la “Masacre de Panambí”, que se cobró la vida del empresario Carlos Knack, su esposa Graciela Mojsiuk y los hijos de ambos, Bianca (12) y Cristian (25).Sin embargo, el ensañamiento y la alevosía no encuadraban en esa línea de investigación. ¿Por qué rociaron a las víctimas con combustible y las quemaron vivas? La masacre se asemejaba más a un hecho premeditado, planificado, que al accionar impulsivo y desquiciado de un criminal en un arranque de furia. De hecho, los asesinos irrumpieron en la vivienda con botellas de alcohol decididos a todo, a lo peor. Así se lo mencionó Graciela Mojsiuk a su hijo “Nano” en uno de sus últimos momentos de lucidez, antes de ser trasladada al hospital Samic de Oberá.Sin embargo, aquella teoría de que Knack habría arrancado el pasamontañas a uno de los asesinos pareció desvanecerse con la declaración de la vecina a la que pidió ayuda ni bien escapó del infierno.Gisela Schwartz fue quien ayudó a subirlo a un coche para llevarlo a su domicilio y luego al hospital público de Oberá.En medio de la locura, y con Knack en la antesala de la agonía, ella le preguntó si reconoció a alguno de los agresores, a lo que él respondió que no.El testimonio de esta mujer está judicializado y en el mismo, a fojas 120, aseguró que se subió a la camioneta de otro vecino, Rubén Lago, para llevar a Cristian Knack al centro de salud más próximo.En el camino el muchacho decía “metele pata, Rubén, que estoy mal… me duele mucho, no doy más”.Por momentos parecía desvanecerse y en otros, volvía en sí.En esos lapsus de lucidez parecía recordar segmentos del horror que vivió. Schwartz recordó uno de aquellos momentos de extrema tensión que, probablemente, jamás desaparecerán de su retina.En uno de esos momentos en que volvió en sí “aprovechó la oportunidad y le pregunto qué fue lo que pasó. Sólo me dice que las personas que entraron a la casa estaban de alpargatas, limpias y uno de ellos con alpargata blanca. Dijo que no reconoció a nadie porque todos estaban encapuchados… que le prendieron fuego a todos”.La pregunta del millón es cómo hicieron los criminales para saber que en la casa había mucho dinero, siendo que Cristian había regresado, ese 25 de mayo, de Cuatro Bocas (Corrientes), con la suma de 460 mil pesos, de los cuales 100 mil eran en cheques. El dato no es menor, porque en el camino se agregó una modificación al plan original. El empresario que debía entregarle el dinero le pidió que fuera hasta Cuatro Bocas, razón por la que Cristian llamó a su padre y le preguntó si lo hacía o no.Obviamente que esa modificación en distancia o kilómetros alteró también los planes en cuanto a tiempo.¿Cómo sabían los criminales que Cristian estaba de regreso en su casa para cuando decidieron irrumpir en el lugar? Porque a esta altura de las circunstancias resulta difícil pensar que se trató de una mera coincidencia.La investigación pareciera estar agotada en cuanto a medidas probatorias o los datos que puedan surgir de testigos de identidad reservada o arrepentidos.Por el momento, la Justicia centra sus expectativas en el resultado de las pruebas que envió a un laboratorio de Capital Federal para la realización de ADN. Quiere saber si el patrón genético de una parte o de todos los imputados se encuentra en los cabellos recogidos del pasamontañas que los asesinos dejaron en el escenario de la masacre.Un eventual resultado positivo sería como un mazazo para los imputados, pero también podría serlo para la Justicia de resultar negativo.A no ser que la jueza de Instrucción 1 de Oberá, Alba Kunzmann de Gauchat, tenga un as en la manga, un dato que nadie posea, hay imputados que hasta podrían recuperar la libertad.El caso más concreto en este sentido es el del suboficial del Ejército, de apellido Bueno, sobre el que pesan indicios tan sólidos como una mariposa.Marcial Alegre aparenta más comprometido por la tenencia ilegal de armas de guerra que por el cuádruple homicidio de Carlos Knack, su esposa Graciela Mojsiuk y sus hijos Bianca y Cristian.Los cuatro perecieron en el sector de Quemados y Terapia Intensiva del hospital Ramón Madariaga.La autopsia determinó que fueron golpeados sin piedad. En el caso de Bianca y su madre, presentaban politraumatismos en los miembros inferiores. La niña, de doce años, además, tenía traumatismo cráneoencefálico.Las lesiones óseas no fueron determinadas porque el equipo de rayos X del cuerpo médico forense, al menos en ese momento, no funcionaba.La causa se encuentra en el Juzgado de Instrucción 1 de Oberá, a cargo de la magistrada Alba Kunzmann de Gauchat, una funcionaria que no acudió al escenario de la masacre, tratándose de un hecho tan macabro.




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