ARISTÓBULO DEL VALLE. Dos delincuentes armados interceptaron con un automóvil a un trabajador rural que viajaba en motocicleta y, tras amenazarlo con un arma de fuego, le sustrajeron 60 mil pesos.El acompañante de la víctima se dio a la fuga, supuestamente para pedir ayuda, y jamás regresó, siendo ubicado luego por la Policía y detenido bajo sospecha de ser el “entregador”. El atraco fue perpetrado a las 22.30 del pasado lunes (aunque salió ayer a la luz), sobre la ruta nacional 14, a la altura del Kilómetro 933, en el municipio de Aristóbulo del Valle. Fuentes del caso indicaron que a esa hora el damnificado, un hombre de 40 años con domicilio en el barrio Municipal de esa misma localidad, se desplazaba al mando de su moto acompañado por otro hombre mayor de edad -cuyos datos no fueron informados- en sentido Dos de Mayo-Aristóbulo. Ambos regresaban de concretar la venta de una chacra perteneciente al agricultor.En un momento dado, fueron interceptados por un automóvil de color oscuro de pequeñas dimensiones, que podría tratarse de un VW Gol o de un Peugeot 206, del cual descendieron dos sujetos a cara descubierta y desconocidos para el motociclista. Los individuos portaban armas de fuego cortas tipo pistola, con las cuales le apuntaron. En esas circunstancias, el acompañante del denunciante salió a correr, “para buscar ayuda” le diría horas después a los policías. Los malandras se acercaron al trabajador rural y, sin mediar palabras, lo agredieron a culatazos y patadas, lo que le ocasionó lesiones de distinta consideración en distintas partes del cuerpo. Acto seguido, le exigieron la entrega del dinero que llevaba encima, lo que hace suponer a los investigadores que los delincuentes tenían conocimiento de la reciente transacción comercial que había realizado el hombre. Sin muchas opciones, ya que le apuntaban directamente a la cabeza y lo amenazaban con matarlo, la víctima no opuso resistencia y tuvo que entregar los 60 mil pesos. Preocupado por el destino de su acompañante, que no regresó, el damnificado radicó la denuncia y comenzó la investigación, que daría un giro inesperado. Es que cuando los uniformados ubicaron al desaparecido hombre que “solidariamente” fue a buscar ayuda, ya habían pasado casi tres horas y nunca le contó a nadie lo sucedido. Esta actitud, sumada a algunas contradicciones en las que incurrió al ser interrogado, además de que fue el “gestor” del negocio de la venta de la chacra y que era el único -además de la víctima y la compradora- que sabía del movimiento de dinero, lo ubicaron en el centro de las sospechas como un presunto “entregador”.





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