POSADAS. El deporte siempre beneficia a quienes lo practican y más si son chicos con capacidades diferentes. El canotaje es uno no convencional, sin embargo, “brinda muchísimos beneficios que hacen que los chicos discapacitados tengan una mejor calidad de vida”, expresó Nicolás Robín, uno de los profesores que integra el equipo de Canotaje Inclusivo. La semana pasada, alrededor de veinte chicos participaron en una competencia y la expresión en sus caras “era impagable. Si bien es una actividad recreativa, la mayoría fue a participar en la competencia”, aseguró. Las clases para estos chicos se realizan los miércoles de 16 a 18 y los viernes de 8 a 10; en total son nueve las personas que acompañan y guían en cada canoa a los jóvenes y el taller está a cargo de la directora de Posadas Inclusiva, Mabel Famularo y dependiente de la secretaría de Calidad de Vida de la municipalidad local, al mando de Lilian Tartaglino. “El principal beneficio de practicar canotaje es que los chicos realizan una actividad diferente, al aire libre y que te propone metas realizables a corto plazo. Por ejemplo, en sólo un mes o 45 días, un chico ya toma los palos de la manera correcta y puede remar sin perder la estabilidad”, contó Nicolás y detalló que esto último “es la única y gran dificultad que encuentran la primera vez que un joven se sube al bote”, aunque reveló que “no es para cualquiera. Lo primordial es que los chicos sepan respetar las órdenes, por ejemplo: si alguno le dice que no hagan eso, deben saber aceptar esa orden, es decir el límite para participar de esta actividad es la capacidad de cada uno con respecto a su accionar en la embarcación”.Ganas de superarse“Los chicos se sorprenden, disfrutan y se exigen, porque se quieren superar a cada momento. Ellos se acuerdan lo que hicieron la última vez que fueron y quieren mejorarlo, y si yo la clase anterior llegué a hacer diez paladas, en la siguiente quieren hacer quince porque ya se sienten mejor, exigen ir un poco más lejos. Se van poniendo pequeñas metas e intentan cumplirlas y eso nos enorgullece, porque les estamos ofreciendo una actividad que les gusta, que mejoran y te piden más”, indicó Robín, quien ejemplificó las ganas de cada uno: “Si el tiempo está feo o hace un poco de frío, muchos nos preguntan vía redes sociales o celulares si la clase va a salir. En ese sentido la tecnología nos da una manito, porque también piden que les saquen fotos y se las enviamos”. “Nos decían que sus kinesiólogos no les creerían”“Verlos a ellos mejorar nos genera una alegría inexplicable”, se sinceró el joven, quien añadió: es un placer saber que le ofrecemos una actividad diferente, aparte de todos los beneficios que conlleva una actividad física, saber que le enseñamos algo distinto e incluso les provocamos ganas de superarse o de probar cosas nuevas, es impagable. El canotaje es un deporte no convencional y se trabaja en un medio diferente, ya estar en el agua, al aire libre, le da un plus a la actividad y segundo porque los chicos deben autosuperarse a cada momento, ya que no es subirse al bote y ser bueno, uno va viendo la mejoría y quiere más, ya sea ir más lejos, aprender a doblar e ir para atrás. Hay chicos que ya saben que nosotros trabajamos dentro de la bahía (El Brete) y también conocen que si salimos depende de las condiciones climáticas y se dan cuenta del viento, las probabilidades de lluvia”. “Hay dos chicos que tienen dificultades motrices importantes, pensamos que no iban a poder subir al bote, empezamos con un paseo. Pero, los dos lograron agarrar la pala y mover la embarcación solos, por supuesto que por un ratito. Nos decían que sus kinesiólogos no les creerían”, contó emocionado.




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