POSADAS. Sencillo, humilde, agradecido, cortés, caballero, conocedor del mundo y de la vida, es imposible que los colores o valores, con pinceles o el simple trazo de un lápiz; en un lienzo, papel o muro, no cobren vida en las manos de Bernardo Neumann, que entre cuadros y murales, además de exposiciones, se prepara para viajar a República Checa y Rumania en los próximos días.Es que Neumann fue invitado para participar como jurado en el 16º Internacional Photographic Salon y exhibir fotos de sus trabajos en la Galería de Artes Plásticas de Sibiu, Rumania, donde espera también ser el nexo para futuros proyectos entre ambas universidades, la Nacional de Misiones y la Universidad Luis Blagar.Además, expondrá, dictará talleres de arte y disertará sobre “Misiones y sus atractivos turísticos”, entre septiembre y octubre próximos, en Praga, en conmemoración a los noventa años de la migración checa a Argentina.Sin embargo, seguramente mientras ultima detalles para partir hacia el Viejo Continente, dedica su tiempo al taller, la muestra “Soles de julio”, en el Paseo 220, recordando aquella exposición de 1993, en Bolívar y Colón, denominada “Flores en Julio”, y los murales que visten los paredones de la planta cloacal frente a El Brete.Sobre este trabajo, que lleva ya varios meses, el artista comentó a PRIMERA EDICIÓN que “es un proyecto que partió de esas cosas fortuitas, de una conversación que tuve con Thomas, porque vi que había una cantidad de grafismos y, si bien soy un total respetuoso del street art y el grafismo es muy válido, particularmente me gusta muchísimo, porque detrás de ellos hay muchos valores, hay gente que trabaja espontáneamente, con mucho espíritu, con mucha alma, con un buen manejo de la técnica, y mientras esto no se transforme en una agresión es totalmente válido. Sin embargo también hay de los otros. Y habían pintado allí, justamente, de aquellos que no me agradan, con un lenguaje agresivo, así fue que le propuse hacer los murales”. Cuatro grandes obras“En la primera instancia, para hacer el primer mural, en lineamientos muy generales, como da a la parte de juegos, se resolvió que sería interesante hacer algo lúdico, me pareció muy bien la idea y trabajé con Carolina Ferdman. Fue una experiencia muy linda, porque ella trabaja con mucha espontaneidad los dibujos infantiles, mi pintura es de otro tipo, cargada de mucho sentimiento, mucho más visceral, y esto es totalmente naif, un toque que lo puso Carolina, mientras que la parte mía fue el paisaje, la ambientación”, explicó Neumann.Asimismo, detalló que en “la pared que da hacia el río Paraná me dije ‘esta parte la voy a hacer yo, va a ser mi proyecto personal, con personajes de la región’, entonces comencé el desarrollo de este mural que tiene 72 metros de largo y me explayé arrancando con la ruta costera, sus pendientes, la tierra colorada, el río Uruguay y toda la serranía típica de Brasil”.Y sus pinceles integraron también la selva, “si bien no es totalmente figurativa, sino más bien la esencia, porque hay muchas limitaciones técnicas para trabajar en un mural, el acrílico es de secado muy rápido, no se puede hacer un esfumado, tenés que trabajar por transparencias, muy rápidamente, porque una lluvia lo puede dañar, entonces hay que abocarse a un sector e impermeabilizarlo, es decir, hay toda una cantidad de cosas que tienen que ver con cuestiones técnicas, son todos colores planos, tuve que cambiar mi forma de trabajar, hay que trabajar capas de pintura sobre capas de pintura para dar esa sensación de distancia que de otra manera no lográs”, mencionó. E incorporó también al “Yasy Yateré, todo iluminado, dorado, irradiando luz; el Pombero, que está espiando detrás de unas hojas y, un poquitito más allá el Curupí, un personaje que tuve que pensarlo, porque es un mural que lo va a ver toda la familia, y me adhiero mucho a la frase que alguna vez escuché decir a Luis Landriscina, ‘no me degüellen los camellos de los reyes magos antes de tiempo’, y es así, creo que el niño tiene que crecer con esa cosa tan linda, cargado de emociones, inocencia, mentiras piadosas, así que no puedo aparecer ahí con una cosa burda, más allá de que forma parte de la ideología, de la leyenda, siempre digo que el arte sea arte, sea algo auténtico y que en todo caso lo que aparezca en un cuadro necesite de una segunda lectura. Y terminé con los cosecheros, recolectando las hojas de té como se hacía antes, en forma manual”, mencionó el pintor sobre el segundo paredón.“Mientras que la temática del muro que da al oeste tiene que ver con la educación, con una cantidad de libros y letras, felices, bailando en libertad, también hay fórmulas en un fondo que no es más que nuestra selva, manteniendo la coherencia con los otros dos, pues siempre que pinto quiero tener a Misiones presente, porque si uno pinta el lugar en el que está, también está exportando imágenes, somos comunicadores de una y otra manera”, expresó.Y añadió que en este tramo “me ayudó mi hermano, Manuel, profesor de Dibujo Técnico en la Epet 10 de Puerto Rico, además es letrista, igual que yo, mi profesión era letrista”.Entretanto, Neumann manifestó que el mural “de la ochava tiene que ver también con la naturaleza, el agua y cómo, me parece, deberíamos preservarlas, por eso está dentro de balones de cristal, con un líquido dentro para recrearlos, para volver a reproducirlos, o sea, mi idea es que acá no se tiene que perder de vista a la Madre Naturaleza”.“Tengo sesenta años y la primera vez que vine a Posadas habré tenido ocho, trajimos un camión de mandioca al mercado de Villa Urquiza y recuerdo que era así como dice el gran Ramón Ayala, venías desde Puerto Rico por un túnel de hojas verdes”, se explayó.“Y ahora me toca el cuarto, que en lineamientos generales quiero rendir un homenaje a lo que era la zona de El Brete, el Tiro Federal, el destacamento policial, para eso tengo pensados los bocetos de algunos de estos paisajes, que una vez en el muro pueden cambiar mucho” y, como habrá muchas cuestiones lineales, ya convocó a su hermano, por lo que esperan que durante estos días de receso invernal el clima acompañe para trabajar al aire libre, adelantó el artista. Asimismo, dijo que “también quería de alguna manera homenajear a la noche posa
deña, pero no consigo fotos, estaban ‘Tequila’ y otros boliches, pero no encuentro material, imágenes claras en las que basarme para recrear algo”.La pinturaLos murales se pintan con acrílico, y “yo utilizo el mejor que hay en plaza, con muy buena duración en la intemperie. Sin embargo el trabajo comienza con una buena preparación de la base, que es fundamental”, aclaró Neumann.Luego, el pintor le da dos o tres manos de un impermeabilizante, que filtra los rayos ultra violetas, que decoloran las imágenes, para que, de no existir una agresión humana, que rompa la superficie en sí, y los murales perduren por un tiempo prolongado. Sin duda, este rinconcito de la ciudad se viste en las manos de Bernardo, por eso el sol no puede más que salir para él.





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