SAN VICENTE. Hace tres años, un grupo de familias invadió un predio a la espalda del CIC de esta localidad, en el barrio San Roque González. Hoy piden que la Municipalidad arregle los caminos y que puedan tener luz eléctrica y agua potable. Hay 50 casas donde viven más de 200 personas, la mitad de ellas niños.A fin de 2011, un grupo de familias entró en el mencionado predio, de unos 200 metros por 50 y allí construyeron sus viviendas precarias. En una parte del lugar hay un gran bañado donde se erigen muchas de las casillas. Como tantas veces, las familias que no tienen donde vivir entraron en un predio baldío. Ingresan con unas pequeñas casillas de maderas y luego van haciendo mejoras. Pero en el barrio San Roque González la situación no cambió. Es que hasta ahora nunca pudieron hablar con el intendente o las autoridades para saber si el lugar es de dominio municipal o provincial y si algún día van a poder regularizar su tenencia. Mientras tanto, viven en una situación precaria, sin agua potable y sin luz.Piden que les den respuestasJosé Luis González es el presidente de la comisión del barrio y dijo que “necesitamos hablar con la gente de la Municipalidad para que nos arregle un poco los caminos internos y si podemos tener agua potable y luz eléctrica. Acá nunca vinieron las autoridades, ni el intendente ni ningún concejal del oficialismo. La única que vino y está intercediendo por nosotros es la concejala Clelia Carballo. Los demás vienen hasta el CIC y si miran al barrio lo hacen desde allá”.Según el presidente del barrio, “nosotros censamos a los vecinos y acá hay 50 casas donde viven 81 personas grandes y 101 niños, de los cuales dos son discapacitados. Aclaró que hay gente que no quiso censarse y otros que no estaban en su casa “porque trabajan en la tarefa y vienen cada quince días”, explicó.Según indicó, las familias tienen luz eléctrica utilizando cables que cuelgan de los postes de las orillas del lote invadido y de ahí se pasan de casa en casa. El agua que consumen es de una vertiente que está justo detrás del predio del CIC. Desde ahí algunos van a buscar con baldes y otros aprovechan el desnivel del terreno y llevan el agua con manguera hasta sus casas.El agua que beben no parece ser apta para el consumo, pero como no tienen otro medio de conseguirla, consumen de la vertiente. Pero los habitantes pretenden vivir en mejores condiciones y por eso necesitan que llegue el vital líquido. Accesos difícilesOtra de las preocupaciones más urgentes son los caminos internos.Muchas de las casas están construidas literalmente encima de una laguna. La mitad del predio es parte de ese espejo de agua que los habitantes fueron cubriendo con tierra y tosca para poder hacer sus casas. Cuando llueve, el lugar se inunda y entra en sus hogares. Los niños juegan entre el barro y el agua se acumula en las calles, que varios días después de la lluvia todavía están lodosas.González definió que “las calles de acceso al barrio son trillos donde los vecinos dejaron los espacios cuando entraron y no tienen mantenimiento de la Municipalidad. Hay dos pasos sobre arroyos en cada lado del barrio y cuando llueve no se puede cruzar”. “No sólo es utilizado por los que vivimos acá, sino que los alumnos del CEP 28 del otro lado pasan por ahí y cuando llueve tampoco pueden pasar. Es peligroso. Además, ellos van y vienen cuando todavía está oscuro y es peligroso que crucen por esos tablones. Necesitamos que se acondicionen las calles”, advirtió.El lote que ocupan estas 50 familias era parte de una quinta que no se sabe si pertenece a la Provincia o es terreno municipal. El intendente nunca se acercó a ver ni a buscar la forma de mejorar las condiciones de los vecinos, siendo que siempre concurre al CIC.




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