SAN JAVIER. De a ratos lloviznó con un viento frío siempre presente. Algunas veces el sol amenazó con salir. Pero la mirada de los vecinos de esta localidad y alrededores estuvo este domingo en el río Uruguay, cuyas aguas tomaron gran parte de la ciudad, especialmente en zonas donde vivían familias humildes a las que les costará muchísimo retomar su vida normal. El pico de la crecida de las aguas se dio entre el jueves y el viernes, cuando la altura en el puerto local subió a razón de 40 centímetros por hora hasta alcanzar los 15,88 metros que quedarán para la historia.En una recorrida por el casco urbano, los habitantes de la ciudad, al ver los techos, van recordando qué había en cada lugar. Un hostal de dos pisos del que sólo se ven las chapas, un viejo colectivo urbano que apenas muestra algunas letras de su cartel; y techos, muchos techos que sobrevivieron a la invasión del agua.Los vecinos de “La Dulce” se dividen en medio del devastador panorama de la inundación. Cerca del exHotel de Turismo, en una zona elevada; o alrededor de la inundada Prefectura Naval, familias enteras, mate y cámara en mano, pasan las horas observando lo que el agua se llevó, tomándose fotos, lejos del drama que decenas de grupos familiares viven a pocos metros. En barrios populosos, sin embargo, los vecinos se organizaron para dar de comer, juntar donaciones y atender a la gente de la zona a la que el agua castigó duramente.En emergenciaEl Concejo Deliberante de San Javier declaró el sábado el estado de emergencia. Del lado oficial, en la comisaría local, funciona el comité de emergencia que encabeza el intendente Rubén de Lima Natividade junto a la Policía, Prefectura, Gendarmería, Ejército, Salud Pública, entre otros. Allí, al menos tres veces al día, se analizan los datos para determinar los pasos a seguir.A diferencia de otras ciudades, en gran parte de San Javier tienen servicio de luz (el agua llegó al borde de la estación distrital de Emsa) y agua potable. Aun en las dos zonas que quedaron aisladas porque un puente o el camino ya no se puede utilizar. Encerrados por el agua están en las alturas de Cerro Monje, al menos seis familias, entre las que se encuentra la del concejal “Feio” Dos Santos, del Partido Agrario y Social. Y en “Las Correderas” otras tantas personas siguen inmovilizadas, pero se las visita con lanchas para dejarles provistas o recibir asistencia médica.La gente, mientras camina por la costa, cuenta anécdotas. Como el caso de “Caíto”, un conocido pescador que en medio de la creciente se internó en el río previendo buena cosecha de peces. O de quienes llamaban a las radios para quejarse de que el 106 de emergencias navales no funcionaba, sin tener en cuenta que el edificio de Prefectura tiene un metro de agua a su alrededor.A pesar de la organización, hay autoevacuados a los que el comité de emergencia no tiene contabilizados y por lo tanto no reciben ayuda. Es el caso de Lorenzo, que se mudó con su hija y cuatro nietitos a la casa de un vecino del barrio San Ramón, cerca del Ingenio Azucarero. Tras 15 años viviendo en una precaria casa, Lorenzo llegó a sacar la heladera y la cocina. El resto está bajo agua. Ni él ni su hija trabajan. Con la mirada perdida en el río, apenas le salen palabras para pensar en voz alta lo que le costará volver a recuperar sus pertenencias.Ayer, la comitiva oficial encabezada por Maurice Closs estuvo a la vuelta de la zona donde vive el hombre. Sin embargo, nadie se acercó hasta él para ofrecerle leche, comida o pañales. Ese caso es apenas una ínfima parte del drama que se vive en San Javier.En el otro extremo, ya se conocen denuncias de los avivados de siempre que no se vieron afectados por la creciente, pero que distribuyen a sus familiares en los centros de asistencia para llevarse colchones, frazadas y comida. Por ello, en estos días, se iniciará un censo de afectados para direccionar la ayuda y la solidaridad de los misioneros.Mientras tanto, la incertidumbre sigue ganando almas. A metros de la estación de Emsa, con el agua en la vereda, Antonio observa con sus dos perros cómo se comporta el río. Hace varios días que no duerme, con un bolso preparado, ante la posibilidad de tener que abandonar su casa. Sentado en la puerta de la vivienda, ve pasar lanchas, autos, menos autoridades que vayan a darle un poco de tranquilidad.Los domingos en San Javier ya no son lo mismo. Al menos mientras 1.390 vecinos no recuperen sus hogares, reconstruyan sus vidas. Y vuelvan a confiar en el río que hacía varios años que no los castigaba. Manos solidarias entre vecinos El barrio Stella Maris es uno de los más afectados. Allí, en el salón de usos múltiples, una decena de familias se puso a trabajar para ayudar a sus vecinos, creando un centro de evacuados para Stella Maris y el barrio San José. A pesar de que muchos también son víctimas de la inundación, atienden a un centenar de personas.Juntaron provistas con algo de apoyo de la Municipalidad y empezaron a brindar el servicio de desayuno, almuerzo y cena, hechos por ellos mismos. Pero el agua no baja. En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, hicieron un llamado solidario para conseguir más alimentos, ropa, leche, pañales, artículos de limpieza y aseo personal y calzados. Especialmente para niños menores de 12 años.Estuvieron por la mañana esperando que el Gobernador y los ministros los visitaran para pedir a la Provincia ayuda. Pero eso no ocurrió, por eso recurrieron a los medios de comunicación. “Seguro que no pasó por cuestiones de agenda”, trató de conformarse un integrante del grupo.En su mayoría, estos voluntarios tiene trabajo que cumplir. Por ello, además, piden que se sumen otros a ayudar.Los que puedan aportar manos solidarias, deben comunicarse al (03754) 15470094 (Claudio) y (03754) 15439139 (Esther).





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