POSADAS. No hay jubilación mínima que cubra el valor de la canasta básica que un jubilado nacional que perciba sus haberes de la Anses necesita para poder vivir al mes.Según el último relevamiento realizado por la Defensoría de la Tercera Edad de la ciudad de Buenos Aires (al que accedió PRIMERA EDICIÓN), un jubilado argentino requiere una cifra de $5.677,96 mensuales para cubrir lo básico. Si el jubilado no tiene un familiar, amigo o conocido que lo ayude a llegar a fin de mes, difícilmente no termine enfermo o con un pico de presión frente a lo lejano que aparece su haber mensual y el costo de vida.En medio de la apuesta gubernamental por el programa “Precios Cuidados”, medidos los productos básicos por los parámetros oficiales para cada producto, un hombre o mujer de la tercera edad necesita al menos $5.246,60 mensuales para cubrir esa canasta alimentaria.Según la misma defensoría la cifra se eleva considerablemente si ese abuelo o abuela es celíaco. Entonces, requerirán 6.714,38 pesos mensuales para poder cubrir sus necesidades básicas.El relevamiento se realiza los meses de diciembre y mayo de cada año, a fin de tener una situación semestral de la evolución de los precios que castigan los bolsillos.Un reajuste que se esfumóEn cuanto a la inflación que quedó al descubierto tras el relevamiento, muestra la Defensoría que entre diciembre de 2013 y mayo de 2014 los precios se incrementaron un 16,22%. Valorado en pesos, son más de 792 pesos lo que aumentó la canasta básica medida por el organismo que dirige el doctor Eugenio Semino.Cabe recordar que las jubilaciones y pensiones de Anses tienen un reajuste automático dos veces al año. El último otorgado por la Nación hace poco tiempo elevó un 11% los haberes previsionales. Es decir, que en el semestre de referencia, los precios le ganaron la pulseada a la “mejora” que determinó el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.La inflación licuó la suba en poco tiempo, lamentablemente, sin que el Gobierno pueda contener los aumentos en las góndolas de los supermercados, dejando a los jubilados y pensionados en la pobreza.“Esta nueva medición de la Canasta de los Mayores ocurrió en un momento peculiar, con fuertes aumentos en la totalidad de los productos de primera necesidad, tensas pujas salariales, y demás conflicto sociales”, aseguró Semino.Agregó que “la actualización de los haberes previsionales, que apenas superó el 11% y que comenzó a regir a partir de marzo del corriente año, fue la cabeza de playa que anticipó el desembarque del ajuste económico, poniendo nuevamente de manifiesto una innecesaria crueldad para con aquel sector con menos capacidad de movilización y de tiempo de vida para satisfacer sus reclamos y necesidades”.No asociar vejez con pobrezaPara el defensor de la Tercera Edad, “el presupuesto que asocia vejez con pobreza echado a andar por todos los rincones del sistema ha tenido una eficacia simbólica de disciplinador social, de igual modo que la apelación al problema de la violencia cotidiana”.Lamentó que “la mala noticia es que la reversión del actual esquema de poder no se soluciona con un cambio formal de autoridades políticas, dado que los supuestos sobre los que se piensan las prioridades de los mayores siguen solapando los reales problemas de ese colectivo. Del mismo modo que la solución de las actuales dificultades de los mayores no se agota en un cálculo numeral contable”.Según Eugenio Semino, “en una clasificación, construida a mano alzada, debemos desagregar varias inseguridades entre los mayores: inseguridad física asociada a la presencia o posible ocurrencia de limitaciones en el desarrollo de sus actividades; inseguridad vincular con la pérdida o el extrañamiento en los modos de vinculación, hasta esta época, prevalentes con los otros, en el seno de contextos de fragmentación y exclusión social; inseguridad institucional, caracterizada por un sentimiento de desconfianza en particular hacia las instituciones públicas (en los campos de la salud, la educación, la policía, la justicia, etcétera); inseguridad política, con la falta de confianza en la política y los políticos; inseguridad valorativa-normativa, ante la fragilización de los valores que establecen los marcos de referencia para los vínculos”.“Todas esas inseguridades conducen al repliegue y atrincheramiento en lo individual y en el adentro de los hogares”, concluyó.Arrastrados por los acontecimientosEn la nota de presentación del último relevamiento de precios para la canasta básica de la tercera edad, Eugenio Semino reflexionó: “Queremos decir que nuestros viejos están como están por un conjunto de causas económicas, políticas, sociales, educativas, culturales, institucionales y vinculares que la ciudadanía no quiere asumir. Como dijimos tantas veces, la construcción del proceso del envejecimiento poblacional no se agota con la participación de entendidos y profesionales, demanda la presencia en principio de los propios mayores y de un tejido social activo”. “En su defecto, los mayores seguirán siendo arrastrados por los ríos de los acontecimientos”, advirtió para finalizar.





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