POSADAS. Miguel Ángel Ramírez (37) cruzó el puente internacional San Roque González de Santa Cruz a las 18.12 del jueves 21 de noviembre de 2013, tal como quedó asentado en el registro de la Dirección Nacional de Migraciones. En ese momento, nadie sabía que había golpeado y asfixiado a su mujer hasta la muerte en Ñu Porá.Siete meses después, el paradero del principal sospechoso por el crimen de Vanesa Analía Gómez (27) sigue siendo un misterio. No hay pistas firmes y su captura depende exclusivamente de la Policía Nacional del Paraguay, que en todo este tiempo no informó nada sobre el caso, como lo pudo saber en las últimas horas PRIMERA EDICIÓN.“Vamos a Migraciones cada vez que podemos y tenemos la certeza de que, al menos ‘legalmente’, no regresó al país”, le contó a este diario una fuente ligada a la causa, que es investigada por el magistrado Fernando Verón, al frente del Juzgado de Instrucción 3 de Posadas.En el caso trabajan detectives de la Dirección de Investigaciones de la Policía de Misiones, quienes durante las primeras horas llevaron adelante una exhaustiva pesquisa que les permitió determinar que Ramírez estuvo escondido algunas horas en casa de conocidos, en Villarrica, unos 270 kilómetros al norte de Encarnación.Obviamente, de inmediato se solicitó la colaboración de las fuerzas paraguayas, que verificaron la escena pero ya era demasiado tarde: el prófugo volvió a escapar de las autoridades.Desde ese momento, la Policía Nacional del país vecino también trabajó en el caso, pero el tiempo pasó sin mayores novedades y hoy todo indica que la búsqueda de Ramírez quedó en el pasado. Su paradero sigue siendo un misterio más de medio año después. Uno de los hombres más buscados en Misiones camina libre en tierras paraguayas.La investigación dice que aquel jueves 21 de noviembre del año pasado Ramírez fue en moto hasta Roth casi Mburucuyá, en Ñu Porá, al sur del Gran Posadas, teóricamente para hablar con su ex pareja. Estaban distanciados desde hacía 8 meses pero la enfermedad de la única hija produjo un acercamiento entre ellos.Sin embargo, el sospechoso no quería hablar. Cerca de las 17 le mandó un mensaje de texto a su madre: “Mamá, cuidale mucho a mi hija, que me voy a mandar una macana”. Para cuando los familiares llegaron a Ñu Porá, cerca de las 00.10 del día siguiente, ya era demasiado tarde: Vanesa yacía sin vida, boca arriba, con un cinto alrededor del cuello. La autopsia reveló que fue asfixiada hasta morir. Antes recibió una feroz golpiza.Los detectives reconstruyeron entonces el escape. Supieron que “Maikel” Ramírez se subió a la moto y condujo hasta el centro de Posadas. Dejó el rodado estacionado sobre calle La Rioja, frente a la plaza San Martín, donde fue encontrada unos dos meses después.Mediante las cámaras de seguridad pudieron establecer que se subió a un colectivo de la línea internacional. Marcó la salida del país a las 18.12 de aquel jueves 21 de noviembre de 2013. Todavía no lo buscaban por homicidio. Nadie sabía aún lo que había hecho minutos antes con su ex mujer. Pisó Paraguay y se sintió libre, impune, como hasta ahora, siete meses después del conmocionante crimen.




Discussion about this post