POSADAS. “Permanente vocación de servicio”, se lee en el escudo que Lucas Nahuel Saravia Allosa (25) exhibe con orgullo en uno de sus brazos. Y ayer de madrugada el cabo primero hizo realidad esa premisa al rescatar de una muerte segura a dos mujeres que habían quedado atrapadas en un feroz incendio, en el barrio Kennedy de la capital provincial.“En ese momento no lo pensé. No tuve miedo. Hice varias capacitaciones con la Policía. No me considero un héroe, apenas cumplí con mi trabajo”, le dijo a PRIMERA EDICIÓN el uniformado horas después de su heróico accionar frente a la guardia de Infantería, donde actualmente trabaja.Todo comenzó a las 4.30 de ayer sobre una vivienda de calle Balcarce al 1.600, cuando Lucas regresaba a casa tras cumplir con un servicio adicional. “Vi que había humo, me acerqué y por la ventana noté que alguien se encontraba adentro”, relató el policía.El joven efectivo gritó a la espera de una respuesta que no tardó en llegar. Desde adentro, la dueña de casa -de 67 años- lanzó desesperada: “Por favor, ayudame, se está prendiendo fuego la casa”.Saravia Allosa hizo entonces lo que le dictó su conciencia. No en vano realizó varios cursos de salvataje. Puso en práctica sus conocimientos, saltó una reja y derribó una puerta de chapa. Así llegó hasta la sala de la vivienda.“La alcé en brazos y la saqué a la vereda. Cuando logré tranquilizarla me dijo que tenía una hija con problemas que estaba justo donde se había iniciado el fuego”, relató. Decidió entonces volver al infierno.El policía repitió el recorrido pero esta vez, al querer llegar al fondo del predio, se topó con otra puerta, que también debió derribar. Con ayuda de una linterna -“ya no se veía nada por el humo”, agrega- llegó hasta la habitación de la mujer de 45 años: “era fuego por todos lados; ella estaba sentada en una esquina de la cama, totalmente desnuda y con quemaduras graves en todo el cuerpo. Estaba en estado de shock”.Lucas cubrió a la víctima con la campera del uniforme y la llevó en brazos hasta un lugar seguro. En la vereda las tranquilizó a las dos y, mientras llegaban los Bomberos, ingresó por tercera vez a la trampa de fuego y logró controlar las llamas mediante una manguera y agua.La propietaria debió ser atendida por inhalación de monóxido de carbono, pero se encontraba fuera de peligro. Lamentablemente, su hija permanecía internada anoche en el Hospital Madariaga con graves quemaduras en el 70 por ciento del cuerpo, con respirador artificial. Su vida dependía en buena parte de un milagro. Ambas podían haber muerto en el lugar de no haber sido por el arrojo del efectivo policial.Frente a la pregunta obligada ante este tipo de casos, Lucas sólo se atreve a decir que cumplió con su trabajo. “No sé si soy un héroe, al menos soy un policía que, creo, hizo su trabajo. Ahora estamos esperando porque la mujer se pueda salvar”, señaló Saravia Allosa, preocupado por la salud de la víctima.El policía aseguró que cuando tenga un tiempo intentará visitar a la mujer en el Madariaga. Anoche eso no iba a ser posible. Es que el deber está primero. La “vocación de servicio” por la que juró arriesgar su vida, tal como lo hizo ayer de madrugada.





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