POSADAS. Podrían ser calificados como bestias, pero ni siquiera los animales son capaces de hacer algo así. No hay en el diccionario palabra alguna que permita encuadrar a los asesinos de la familia Knack y, sobre todo, a los autores de la inhumana sesión de torturas que sufrió la pequeña Bianca, de apenas doce años.Según pudo saber PRIMERA EDICIÓN, en las últimas horas se conocieron los resultados de la autopsia realizada sobre la niña, que revelaron todo lo que tuvo que pasar la menor de edad en manos de al menos cuatro encapuchados que no mostraron ningún atisbo de piedad.El examen forense fue concluyente. Más allá de las quemaduras, la menor de edad sufrió una sesión de tormentos difícil de entender. Actuaron “a sangre fría” y, como suponen los investigadores, movilizados por el especial afecto que le tenía Carlos, su padre.Bianca era el “angelito” de la casa y eso, al parecer, era sabido por los delincuentes. Por eso se ensañaron con la niña, presumiblemente para hacerle entender a su padre que no estaban jugando.La autopsia reveló primeramente que la niña sufrió la fractura de los dos miembros inferiores, una agresión infundada y que resulta difícil de creer. Una maldad que no tiene parangón.No se sabe si antes o después, pero lo cierto es que en medio de esos veinte o treinta minutos -sospechan los investigadores- de terror, los asesinos no se conformaron con tamaño sufrimiento y le amputaron dos dedos de la mano. Crueldad pura y, una vez más, inexplicable.No hay palabras que puedan expresar el dolor que sufrió la pequeña, que después de todo eso fue maniatada junto a sus padres y a su hermano. La pusieron sobre la estructura de la cama, en la habitación de la pareja. Los taparon con papeles, cartón y el colchón. Luego vino el alcohol y el fuego.Fue su hermano el que logró desatarla, mientras su padre buscaba ayuda en casa de los vecinos de la ruta provincial 5. Cuando el auxilio llegó, las llamas habían reducido a cenizas sus ropas y ya se habían apoderado de su cuerpo.Bianca llegó primero al Hospital Samic de Oberá y enseguida fue trasladada al Hospital de Pediatría de Posadas. Allí los médicos hicieron de todo, pero su suerte ya estaba echada: cerca de las 23.40 del último martes su pequeño cuerpo dijo basta. Papá y mamá también habían fallecido.Fue el triste e inmerecido final para la niña que horas antes había llevado la enseña patria de su escuela en el acto por el 25 de Mayo. En el pueblo todavía la recuerdan con el uniforme escolar. Y piden que los culpables sean condenados con todo el peso de la ley.





Discussion about this post