POSADAS. Como un antídoto para correr algunos muros de silencio que suelen existir entre adultos y niños pequeños en estos tiempos que corren, donde la mayoría de la familia se da cuenta que tiene que encauzar el vínculo, pero en general suelen no saber cómo, tienen la alternativa de ir a pintar con sus hijos a la plaza. Con ese objetivo principal, la artista plástica Carina Cappagli llegó a la histórica plaza Villa Urquiza, situada en uno de los barrios más antiguos y populosos de esta ciudad, para enseñar a los papás a re-vincularse con sus hijos con la simple excusa de pintar.No fue fácil al principio, tal como reconoce Carina, enseñarles a los adultos volver a ser niños de nuevo, para poder tirarse sobre las baldosas sin prejuicios, agarrar el pincel, dejar que la imaginación de todos vuele y que la acuarela después haga lo suyo. Pero una vez que viven la experiencia, es tan enriquecedora que no vuelvan a ser los mismos.“No se trata de que los papás ‘depositen’ a los hijos con la chica que pinta en la plaza”, sonríe Carina, “si esa es la expectativa que tenían, pronto se dan cuenta de que no: yo les digo vení mamá, papá o abuelo, vamos a sentarnos a aprender con y de nuestros hijos. Esos son momentos únicos y especiales”. “Mi objetivo es que esto perdure en el tiempo, y que la gente se apropie de este espacio, que en definitiva es suyo”, sostuvo la pintora. Lo cierto es que los sábados con buen tiempo, los papelotes cubren la explanada principal del renovado paseo público de plaza Villa Urquiza, que se revoluciona de niños y papás hablando el mismo idioma y la mayoría de los participantes ya sienten que tienen una especie de “cita” obligada para pintar. Indicó Carina: “Espero que continuemos creciendo cada día mas, fortaleciendo los vínculos familiares y con los que nos rodean, integrarnos y disfrutar de pequeños momentos imborrables que quedan impresos en el alma como ver a un niño feliz y acompañado de los que mas aman”. “Para integrarse no importa la edad que tengan ni la capacidad o incapacidad , todos tenemos capacidad para ser feliz…sentirnos felices…”, dijo. Cappagli contó que al principio costó que la gente se acerque, “quedaban mirando de reojo”, pero terminó ganando la curiosidad de los chiquitos. Es una experiencia enriquecedora, vale la pena venir”.





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