EL SOBERBIO. El hallazgo de un teléfono celular roto en la escena del crimen podría ser la última pieza de un rompecabezas que para los investigadores cierra cada vez mejor. Es que para ellos, el crimen del agricultor Ángel Altísimo (44) está más que esclarecido luego de la confesión de su concubina, que ya contó en sede judicial que pagó para que lo maten.Más allá de sus palabras, los investigadores continúan con su trabajo, con el fin de confirmar esa teoría y descartar cualquier otro tipo de hipótesis. En ese sentido, en los últimos días regresaron a la escena del crimen y secuestraron un celular roto que se encontraba en un tacho de basura, en el mismo lugar donde mataron al colono.Según le explicaron las fuentes a PRIMERA EDICIÓN, las pericias sobre ese teléfono y sobre otros aparatos que ya están en manos de la Secretaría de Apoyo para Investigaciones Complejas comandada por Fernando Castelli terminarán de cerrar el círculo y establecer las responsabilidades que le caben por el crimen a la mujer y a los tres presidiarios que señaló como autores del hecho en su declaración.La viuda de Altísimo, de 39 años, se quebró en sede judicial y confesó que pagó a tres convictos, que gozaban de salidas transitorias de la prisión de Oberá, para acabar con la vida de su pareja.El supuesto móvil del crimen, según los investigadores, sería la relación sentimental terminada entre esa mujer y la víctima fatal.Esta arista de la pesquisa estaría estrechamente vinculada con el supuesto romance que la ahora viuda mantenía con uno de los presidiarios, al que le habría propuesto la comisión del hecho.Ahora la causa vuelve a arrojar novedades. Los investigadores regresaron al escenario del homicidio y requisaron cada centímetro de la propiedad. En ese contexto, encontraron un teléfono celular destrozado, color negro, que pertenecería a la mujer. Al parecer, ella le habría dado dinero a un menor de Paraje Campín Largo, donde vivían, para que se lo comprara.Los sabuesos sospechan que con él se comunicaba por mensaje de textos con los hombres alojados en la Unidad Penal II de Oberá.Junto con las pericias a ese teléfono, la Saic también aguarda por los resultados de los análisis realizados sobre el celular incautado a uno de los convictos, de apellido Ferreira, sindicado como el hombre que habría gatillado el revólver calibre .38 que acabó con el colono.Otro convicto, de apellido Dos Santos, sería quien se contactó con ella y cobró $10.000 por la concreción del homicidio. El último, llamado Molinari, mantenía -aparentemente- una relación amorosa con la viuda, quien según ella misma fue la autora ideológica del macabro plan.La causa está en el Juzgado de Instrucción 3 de San Vicente, a cargo del magistrado Demetrio Antonio Cuenca, quien se aproxima al plazo límite para resolver la situación procesal de los cuatro. El hecho ocurrió cerca de las 21 de aquel sábado 22 de junio, en una chacra emplazada unos 20 kilómetros al norte de El Soberbio. Altísimo salió al lavadero de su casa, ubicado en la parte posterior, donde imprevistamente recibió los tres disparos que días más tarde acabarían con su vida.Tras el hecho, fue la hija de la pareja quien le contó a la Policía que su madre le había entregado un arma para que lo escondiera. Entonces, todo salió a la luz.




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