En plena campaña para las elecciones legislativas del 27 de octubre próximo, en las que el kirchnerismo intentará recuperar, contra todos los pronósticos, parte de los votos que se le mostraron esquivos en las PASO del 11 de agosto, el gobierno de Cristina Kirchner se vio obligado a salir a sentar posición sobre un tema polémico, la actividad de la pastera ex Botnia, instalada en Fray Bentos, sobre la costa del río Uruguay.Esta vez, lo que pide la empresa es que se autorice una ampliación de su capacidad de producción, reclamo que apoya el gobierno uruguayo; por lo que, como ocurrió en 2006 bajo la presidencia de Néstor Kirchner, no se hizo esperar el conato de conflicto entre los dos gobiernos asociados en la comisión que administra la gestión binacional del río Uruguay.Los cruces declarativos entre el presidente Mujica, quien aseguró que su chacra contamina más que la pastera, y el canciller argentino, Héctor Timerman, que le recomendó “preocuparse más por su chacra”; sobresalen como condimento pintoresco de un potencial conflicto más complejo entre los dos países; sobre todo teniendo en cuenta la manifestación de asambleístas de Gualeguaychú que intentaría hoy cruzar el puente hacia Fray Bentos, y la orden de Mujica de reforzar el control del paso internacional. Si bien el anuncio argentino de que se irá nuevamente al Tribunal Internacional de La Haya tiende a descomprimir la tensión diplomática subyacente; los ingredientes están dados para que en cualquier momento la situación se pueda complicar en demasía. Es cierto que más allá del caso particular, la cuestión ambiental se refleja constantemente en la agenda política de los países del continente; como se vio en Brasil con la represa de Belo Monte; o en Bolivia, donde el presidente Morales se vio envuelto en una crisis política al enfrentarse a los movimientos indígenas y ambientalistas que se oponían a la construcción de una autopista en plena selva. El enfrentamiento del presidente Correa de Ecuador con la multinacional Chevron, por la contaminación provocada por la exploración de petróleo -mediante el controvertido método del fracking- en la amazonia ecuatoriana, es un caso aislado en el que un jefe de Estado logra poner de su lado a la causa ambiental, habitualmente liderada por organizaciones no gubernamentales. Por aquí sí, por aquí no..El caso del gobierno argentino es menos claro, ya que si bien su decisión de salir al cruce de los planes de ampliación de la pastera, por la presunta contaminación de las aguas del Uruguay, es congruente con la posición adoptada en 2006, se condice poco con el fuerte aliento oficial a los grandes proyectos mineros, incluyendo el de Pascua Lama que desarrolla en común con Chile, recientemente frenado por la Corte Suprema trasandina a la espera de un estudio de su impacto ambiental. No se entiende tampoco, en este cuadro, el sostenimiento sin matices que hace el gobierno nacional de las hidroeléctricas a construir en Garabí y Panambí; esta vez en un proyecto binacional con Brasil, ignorando olímpicamente los reclamos de los ciudadanos misioneros.Hace tiempo, en tanto, que en medios técnicos vinculados a la actividad forestal se dice que el gobierno argentino habría “cajoneado” el informe de la Unión Europea que le dio la razón a la pastera y al gobierno del Uruguay estableciendo que no hubo contaminación del río tras la instalación de la empresa.Probablemente, la verdad científica no se ubica de uno u otro lado de las trincheras y los gobiernos que impulsan obras como las represas, pierden de vista la importancia de dar respuesta a la percepción de la sociedad civil de un creciente deterioro del medio ambiente por la acción de grandes emprendimientos. Así, es difícil que el kirchnerismo coseche, con su alineamiento, el rédito electoral a que aspira, ya que el debate ambiental no se limita a la costa del río Uruguay, sino que tiene ingredientes más conflictivos, como las exploraciones de petróleo y gas no convencionales en el Sur y la minería a cielo abierto. En ambos casos, la crítica ambientalista no sólo apunta a un alto impacto ambiental negativo, sino que cuestiona el modelo de economía extractiva que promueven y sus consecuencias sociales y económicas En tanto,en la semana el Partido Justicialista despertó de su sueño profundo el lunes pasado con una reunión de su Consejo Nacional, de la que surgió una declaración de apoyo a Cristina Kirchner y a las banderas del peronismo histórico; y que reafirmó al Frente Para la Victoria como brazo electoral del partido.El texto, elaborado por el gobernador chaqueño Jorge Capitanich, subraya el alineamiento con el gobierno, y sostiene que “en estas elecciones legislativas del 27 de octubre nos encuentra a todos los peronistas unidos bajo el liderazgo incuestionable de nuestra Presidenta Compañera Cristina Fernández de Kirchner, trabajando palmo a palmo en cada rincón de nuestro territorio”. Pese a ello, el peronismo está lejos de mostrar en la práctica esta unidad ideal, y los analistas vieron detrás de las expresiones de lealtad el interés de gobernadores y dirigentes por tomar posición de cara a lo que se ha dado en llamar la etapa pos kirchnerista. El diputado Carlos Kunkel se apuró, no obstante, a mencionar que el kirchnerismo podría participar con una lista propia en la interna justicialista, que se abriría el año entrante, aunque el tema dominante fueron las especulaciones sobre la pertenencia o no de Sergio Massa al ámbito partidario. El propio Massa, que va a elecciones con sello propio, se mantuvo a distancia, ocupado en la campaña rumbo a unos comicios que definirían gran parte de su destino político ulterior. El exceso de triunfalismo que se observa en algunos sectores que impulsan la campaña del intendente de Tigre, de cualquier modo, no asegura que en el camino a 2015 pierda gran parte de su actual popularidad. Lo cierto es que la reunión justicialista dejo la impresión de una dirigencia que ya descontó el resultado de octubre, y se posiciona en sus estrategias en el panorama que ofrecerá el día después, el 28 de octubre próximo, inicio de la larga marcha hacia las presidenciales de 2015. En Misiones, el oficialismo se encierra en la gestión, bordeando temas conflictivos, como los reclamos de la marcha por el No a Garabí y las investigaciones de las presuntas irregularidades cometidas por el intendente de El Soberbio “Coleco” Krysvzuk, quien sería denunciado a la Justicia por la comisión investigadora que lo apartó del cargo. Tras la aprobación del Presupuesto 2014, el primero en sancionarse en el país, el titular de la Legislatura y conduc
tor del Frente Renovador dio otra muestra – a su estilo- de desavenencia con el gobierno central, al hablar de la necesidad de prever el efecto de la inflación, y sostener que para lograr vencerla “primero hay que aceptarla”. El radicalismo, a su turno, vive momentos turbulentos en la medida en que las expectativas de un crecimiento electoral sin techo, reales o no, generan tensiones por la insistencia de algunos dirigentes tradicionales, como “Cacho” Barrios Arrechea, en subirse al timón del barco digitando alianzas y hasta secretos “contubernios”, por citar un concepto de prosapia radical. La postura frente a Garabí ejemplificó los vaivenes que cruzan al centenario partido, mientras un sector impuso en la Convención, con un debate cuestionado por su parcialidad, una postura contraria a la represa; la conducción decidió, en la culminación de la reciente marcha por el NO, no asistir orgánicamente a la plaza 9 de Julio, por cuestiones de protagonismo político.





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