SAN IGNACIO. Hace dos semanas, arriba de una ambulancia que avanzaba rauda desde el hospital de San Ignacio al Hospital Materno Neonatal, nació una beba prematura de siete meses. Su mamá, de 23 años, no se había hecho los controles adecuados durante el embarazado pero, unas horas antes, acudió al hospital de San Ignacio con síntomas claros de parto prematuro. Esta es la historia narrada por el médico, David Manuel Rebatta Ovalle, que viajó junto a la joven madre en la ambulancia. Un relato que el mismo médico titula “buena praxis”. “El prematuro nació en la ambulancia de San Ignacio número 373, cuando faltaban pocas horas para el inicio de la primavera. La madre da a luz una nena allá por la rotonda de Garupá de la flamante nueva costanera misionera, todo fue un milagro que pasó raudamente de la emergencia a la urgencia inmediata cuando solo faltaban tan solo diez minutos para llegar al hospital Materno del Parque de la Salud”, contó Rebatta. “No respiraba ni lloraba”“¡Dios mío que grande sos!, exclamó la mamá en su último esfuerzo, respirando profundamente el oxígeno que le asistía. Ella se llama Elsa Ramona Berón, de 23 anos. Una horas antes había llegado muy agitada al hospital de San Ignacio, donde fue examinada por los signos eminentes de parto prematuro o pre término (cosa que a los parteros y pediatras les pone los pelos de punta, más aún como en este caso, con signos de sufrimiento fetal). Luego de la revisión, con suero y oxígeno, se le sube en camilla a la ambulancia. Pero ya en camino, las pérdidas de sangre y el dolor aumentaron en intensidad, lo mismo las contracciones. Muy agitada, la joven me dice que le faltaban dos meses para el parto; entonces le explico que sólo le faltaban minutos, que respire profundamente y tranquila”, relató el médico. Cuando la ambulancia estaba en la curda de la rotonda de Garupá nació la beba con una seria dificultad respiratoria. “La envolví con las compresas y corté el cordón umbilical, aspiré profundo y otra vez pedí a Diosito presente ayudara a la madre angustiada y al bebé que no respiraba ni lloraba. Pegué algunas palmadas sobre la cabina para que el chofer con su sirena apure el andar y los paseantes den paso. Tenía a la bebé en las manos y la pequeña no pesaba ni dos kilos: presentaba signos de prematurez en pabellón auricular, planta de pies y tetillas. Estaba moradita y parece enfriarse. Fueron minutos que se hicieron horas, no sé si fue el oxigeno o las palmaditas a repetición lo que hizo reanimar a esta pequeña inmadura recién nacida pero al dar su primer grito la tensión se calmó y volvió la sonrisa en la madre. Todos sentimos un gran alivio”, recordó el galeno. Al llegar al hospital, los recibió el médico Carlos Aníbal Álvarez y su equipo de maternidad al que Rebatta calificó de “magnífico”. “De inmediato extrajeron la placenta acreta con algunas dificultades, mientras que el bebé era atendido por los pediatras porque aún tenía algunos signos de insuficiencia respiratoria. Sabe Dios lo que va a decir esta chica de acá a unos años cuando lea esta historia. Dirá que nació en la ambulancia muy cerca de las playas del Brete una noche primaveral a las 22 horas siendo testigos de este hecho otra embarazada primigesta que iba con su madre”, señaló Rebatta. Héroes diarios de “pechos sin medallas” El lunes pasado, primero de octubre, el médico que asistió el parto arriba de la ambulancia visitó a la mamá y a su beba prematura, ambas internadas en el Materno Neonatal de Posadas. “La beba, Micaela Graciela, que apenas pesa dos kilos tiene diagnóstico de parto pre término e ictericia de recién nacido por incompatibilidad de grupo sanguíneo AB “0”, pero está en buen estado evolutivo, subió más de 100 gramos”. Según reflexionó Rebatta, “todos los días en los hospitales y centros asistenciales suceden actos similares que podríamos llamar buena praxis. Ocurren sin juicios ni comentarios y son practicantes, pasantes, médicos, enfermeras y auxiliares los verdaderos héroes de pechos sin medallas que no piden aumento y están siempre listos para enfrentar las dificultades del paciente en riesgo”. El médico advirtió en diálogo con PRIMERA EDICIÓN que “tenemos que disminuir la alta mortalidad materno infantil y recordar a todas las autoridades y profesionales de la salud, que las embarazadas deben ir, cuando son derivadas en ambulancia, acompañadas por el médico. Pero en el interior, estos profesionales ganamos la mitad de los de Posadas, quedando expuestos a denuncias de mala praxis por abandono justificado del hospital, quedando deudor ante la Justicia porque el Estado no tiene personal que reemplace al que acude a la urgencia”.





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