ITUZAINGÓ (Corrientes). Irma Cuesta tenía 64 años y era enfermera. El pasado lunes su fallecimiento causó conmoción en esta vecina localidad correntina, pues era una vecina muy apreciada. Supuestamente, y tal como publicó este diario, la madrugada de ese día, alrededor de las 4, un voraz incendio redujo a cenizas su vivienda y también se llevó su vida. No obstante, gracias a la autopsia al cuerpo carbonizado la Policía pudo establecer que la mataron cruelmente.El o los asesinos intentaron borrar evidencias con el fuego. Pero olvidaron la frase de cabecera de los forenses: “Los cadáveres hablan”. Fue así que el juez instructor de la causa, Néstor Oscar Anocibar, recibió ayer a primera hora en su despacho -mientras era sepultada la víctima por sus familiares- el informe de la autopsia. Claramente decía que la mujer presentaba al menos “dos heridas de arma blanca, una en la espalda y la otra en el abdomen”. Otro párrafo ponía en evidencia un detalle aún más escalofriante, “Irma estaba con vida cuando comenzó a prenderse fuego su casa, por la presencia de señales de inhalación de humo halladas en sus pulmones”. Esto quiere decir que el o los criminales primero la hirieron mortalmente, pues una de las puntadas -la de la espalda- le afectó órganos vitales y, posteriormente, iniciaron el fuego, según explicaron las fuentes consultadas. Esto demuestra que la sexagenaria pudo ver cuando comenzaban el incendio, mientras estaba indefensa y agonizante. Lo que ahora tratan de dilucidar los investigadores es el móvil del feroz crimen. La mujer no tenía pareja y residía sola en el lugar. No faltaban objetos de valor en su humilde hogar y había signos de que alguien lo desordenó. Sus familiares no pueden constatar la ausencia de dinero, pues no tienen datos certeros acerca de presuntos ahorros o recientes posibles cobros que efectuó la mujer. La Justicia citó a vecinos o testigos que puedan aportar algún nuevo dato y que permita echar luz sobre el caso.Sus últimas horasIrma estuvo con una de sus hijas hasta la 1 del pasado lunes. Luego se quedó sola y nadie sabe específicamente que ocurrió hasta las 4, el horario en que se desató el incendio en su humilde morada, situada en la intersección de las calles Bernardino Valle y San Martín de Ituzaingó, al noreste de Corrientes y a apenas cien kilómetros de Posadas.Se supo que durante su entierro, que se concretó en el mediodía de ayer en el cementerio de esa ciudad correntina, el intendente local (que asistió al funeral) habría dicho que “se investigará hasta las últimas consecuencias”. Marcha en pedido de JusticiaAnoche, familiares de Irma (varios de ellos radicados en Misiones) realizaban una marcha de silencio en pedido de Justicia, desde la vivienda donde residía la infortunada enfermera, hasta la comisaría Primera, que interviene en el hecho. HipótesisPese al hermetismo de los investigadores, se sabe que el o los asesinos revisaron hasta el último rincón de la casa de la víctima en busca de elementos de valor. Hasta dejaron el freezer abierto. Por ahora se presume que se trató de un robo al voleo. La pieza que no encaja aún en el rompecabezas de los detectives en este caso es por qué la asesinaron. En ese sentido, las fuentes revelaron a este diario que la mujer podría haber reconocido a el o los delincuentes. Irma Cuesta era enfermera y agente sanitaria jubilada, oriunda de Córdoba, y llegó junto a su marido en la década del 80 a Ituzaingó, pues su pareja era uno de los trabajadores de Yacyretá. Tuvo cuatro hijos, siete nietos y un bisnieto recién nacido. Era una persona muy apreciada y querida en su pueblo, sobre todo por su permanente solidaridad.




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