POSADAS. El luctuoso episodio trascendió el martes 23 de julio pasado, cuando personal de la comisaría Decimotercera confirmaba el hallazgo sin vida de una niña de quince años, que padecía de retraso madurativo y una discapacidad motriz. No podía valerse por sí misma y, según la autopsia, presentaba un cuadro severo de desnutrición y deshidratación.Aquella jornada de julio, cuando los uniformados arribaron al domicilio, ubicado detrás del hotel familiar Oaky (inmediaciones de las avenidas San Martín y Quaranta), se encontraron con un escenario tristísimo.El cuerpo de la nena se encontraba sobre un colchón en una habitación que, a juzgar por el caótico desorden de objetos, era utilizada como depósito.Con el devenir de los días, la historia fue diluyéndose entre el olvido y la vertiginosidad de la información.Sin embargo, y por fortuna, no ocurrió lo mismo con la investigación impulsada por el Juzgado de Instrucción 6 de la Primera Circunscripción Judicial.El resultado de la autopsia al cuerpo de la menor fue sólo el inicio de una investigación que el viernes pasado arrojó importantes novedades.Ese día, la madre de la joven, de unos 34 años, fue detenida por orden judicial y trasladada a estrados para que pueda brindar su versión de los hechos en declaración indagatoria.Al parecer, se abstuvo de formular manifestaciones pero fue imputada del delito de “abandono de persona”, basado en los artículos 106 y 107 del Código Penal (ver recuadro).Con el resultado de la necropsia, la Justicia abrió una investigación para determinar las circunstancias en que esta menor fue hallada sin vida y, sobre todo, si su muerte era evitable.Al parecer, la nena estaba al cuidado de una tía y de la abuela materna, porque su madre biológica no habría querido hacerse cargo de ella, aparentemente desde su nacimiento.No obstante, la abuela habría tenido que viajar, aparentemente a Corrientes, y decidió entregársela a la mamá para que la cuidara.Eso habría ocurrido unos diez días antes de que la víctima fuera encontrada muerta en el interior de la vivienda que su progenitora alquilaba en inmediaciones de las avenidas San Martín y Quaranta, como informó la Policía en su momento.Los investigadores sospechan que en ese lapso de diez días la muchacha habría ingerido poco y nada de alimentos y bebido sólo un par de sorbos de agua.Aquella jornada de julio, la madre habría manifestado que salió de su domicilio a eso de las 6 y regresó aproximadamente a las 19.Es decir, la niña pasó alrededor de trece horas sin comer ni beber, porque no podía hacerlo por sus propios medios.Si esa proyección se traslada a los diez días en que la víctima permaneció al cuidado de su madre, entonces la teoría de los investigadores, de que casi no bebió ni comió, adquiere solidez.El viernes pasado, la Justicia dispuso la detención de la mujer, acusada de abandono de persona con muerte resultante y agravado por su condición de madre.El tiempo y la investigación determinarán si esta mujer deberá afrontar esos cargos en un debate oral y público. Por ahora, continuará privada de la libertad a la espera de una decisión judicial. El escenarioLa casa era cómoda y acogedora, con un living bien acondicionado y una habitación principal con un sommier de dos plazas y una cama individual a un costado.Sin embargo, una arista particular llamó la atención de los investigadores.Cuando llegaron, el cuerpo de la joven estaba en un cuarto ubicado en la parte posterior de la vivienda, más bien alejado de la puerta de acceso.A juzgar por el desorden de los objetos, era usado como depósito. Aunque suene triste y doloroso, todo parece indicar que ese, justamente, fue el motivo por el que alojaron a una persona indefensa en ese sector de la construcción.Uno de los uniformados contó que la adolescente estaba sobre un colchón, rodeada de objetos abandonados y con un televisor que apuntaba hacia ella.Con posterioridad, la autopsia confirmó el resultado del informe médico preliminar: la víctima presentaba signos de desnutrición y deshidratación.Quizás, la gracia divina hizo que su agonía en este mundo terminara para partir a un lugar mejor, como reza el chamamé, “a la tierra sin males”.





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