POSADAS. Unos cuarenta vecinos de Nemesio Parma, la mayoría oleros, se encuentran doblegados al olvido hace ya dos años. Ese tiempo es el que llevan esperando para que la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) construya un puente que una el barrio de viviendas con los campos de las olerías, porque el que tenían antes se inundó a causa de un error en los cálculos de los terrenos que iban a quedar bajo agua con la cota definitiva. Ocurrió que después de la crecida del embalse, el paso que existía entre ambos barrios quedó tapado por el agua; los terrenos lindantes son privados, con lo cual tienen impedido atravesarlos. Inclusive, quienes toman esa determinación suelen ser disuadidos con disparos al aire. “Sea mujer, niño o muchacho el que quiera pasar por allí, no puede. La verdad se entiende, pero sin camino estamos obligados a hacer un desvío de más de ocho kilómetros a pie, porque no tenemos otra forma de llegar rápido a la escuela o la salita de salud”, explicó Soledad, esposa de un olero, con quien construyó una precaria vivienda en la zona para no tener que andar de un lado para otro. Sin embargo la mayoría del tiempo es inevitable, porque para ir a la escuela o a la salita de salud hay que subir a la zona alta. “Estamos prácticamente aislados, sin acceso a nuestra unidad productiva, tenemos que pegar la vuelta por otro camino y con ello se encarece nuestra producción de ladrillos. Prácticamente ninguno de los oleros del lugar podemos trabajar”, contó Julio, un hombre joven, hijo de oleros y uno de los pocos que todavía hace lo que puede con los ladrillos para sobrevivir. De acuerdo a sus palabras, “el desvío que nos obliga a hacer la falta de un puente encarece el flete, y los insumos para hacer los ladrillos. ¿Quién aguanta así?, se preguntó. Sin transporte, sin nadaPara el hombre, el problema más grave es la falta de servicio de transporte urbano, a un servicio que se brinda tres veces al día, bastante deficiente, hay que sumarle que no llega hasta esa zona de Parma.“Con estas lluvias todos los caminos quedaron un desastre porque son de tierra. Ni hablar de las calles que quedaron bajo agua por el embalse y los niños tienen que pasar por ahí, caminando ocho kilómetros”, se escandalizó. “Esto nos perjudica muchísimo. En el otro barrio hay una escuela para adultos y muchos tuvieron que abandonar los estudios por la falta de camino. Por ahora, contó soledad, para que el perjuicio dado por la falta de conexión tenga un impacto amortiguado, se habilitó una salita de salud pero “no sabemos hasta cuando”. En ese sentido explicó que la atención es una vez por semana, con lo cual las urgencias agregan complicación.Explicó, por ejemplo, que si la familia no tiene cómo trasladar al enfermo, está sometida a la espera de la ambulancia, pero la demora puede durar horas. “Antes había mucho laburo. Pero con las crecientes que tuvimos hubo un gran parate. Ahora para colmo los camioneros que nos traen las cargas de insumos o que sacan nuestra producción no quieren hacer el recorrido largo, por los gastos que implica en combustible, que no se compensa con la ganancia”, contó el obrero.“En una palabra, los oleros de Nemesio Parma estamos olvidados”, sintetizó el joven, quien después de explicar su desventurada realidad, volvió al trajín de siempre, rogando que al menos alguien “eche de ver nuestra realidad”.




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