POSADAS. No es para nada sencillo revivir la pesadilla para Verónica (22) y Alejandra (24), quienes en varias ocasiones rompieron en llantos y como pudieron, relataron a este diario los terribles tormentos y abusos que padecieron mientras eran novicias. Las jóvenes coincidieron en que durante siete meses, bajo la tutela del excura sanador Miguel Ángel Santurio (actualmente preso bajo sospecha de reiterados abusos), y cuando aún eran menores vivieron una verdadero infierno. Actualmente las víctimas dijeron que son “amenazadas por el entorno de Santurio y que hasta les ofrecieron dinero a cambio de silencio”. “Todo comenzó en 2008, cuando se cambió de sacerdote en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en el barrio de Miguel Lanús en Posadas. Llegó un nuevo párroco, de la provincia de San Luis, era Santurio, quien al principio mostró una personalidad atrapante, se exhibía como un padre carismático, con dones y talento. Nadie pensó, nadie sospechó en ese momento lo que era capaz de hacer”, explicó Verónica. “Pero los primeros signos de que algo andaba muy mal comenzaron después de un retiro espiritual de jóvenes, cuando nos obligó a las consagradas (eran diez chicas en total, todas menores) a vivir encerradas en una propiedad llamada casa Parroquial, situada adelante de la vivienda donde él se instaló junto a su hermano y dos mujeres (que él decía eran religiosas y las trajo de San Luis). Nos hizo hacer un voto de silencio y de pobreza, tuvimos que regalar nuestras pertenencias y dependíamos de lo que nos diera él. Además no podíamos hablar ni siquiera entre nosotras. En forma diaria teníamos que confesarnos con él en una pieza, bajo llave y a solas. Nos preguntaba cosas muy íntimas y luego te decia que veía la Virgen María a nuestro lado y que por eso teníamos un propósito con Dios, que nos llamaba al servicio. Pero aún no sospechábamos nada, incluso una vez fue el obispo de Posadas Juan Rubén Martínez a visitarlo, recorrió las instalaciones y todo parecía normal, hasta estuvimos con él vestidas de monjitas. Pero la realidad era otra, e iba a empeorar”, contó Verónica. Esclavitud y exorcismos Seguidamente la joven relató que “el régimen de vida que teníamos en la casa Parroquial era durísimo. Éramos obligadas a trabajar casi todo el día en la limpieza, cocina y otros menesteres, siempre controladas por una mujer que Santurio trajo de San Luis, a quien le dio mucho poder, casi como una madre superiora. Nos podíamos bañar una sola vez por día, pese a los intensos calores. Pero nos arreglábamos para ducharnos a escondidas. No entiendo porqué nos encerraban, las pocas explicaciones que nos dieron era porque tenían miedo de que ‘los espiáramos’. Pero, ¿qué íbamos a espiar?, porqué eran tan perseguidos, qué pasaba en la casa donde ellos vivían”, se preguntó la muchacha. Luego agregó que “durante esos meses nos acostumbramos a los insultos y maltratos, pero jamás hubiéramos imaginado que nos esperaba algo peor. A todo esto y por el voto de silencio no podíamos contarle nada a nuestros familiares, a quienes veíamos durante las misas los domingos. El sistema de confesiones continuaba en forma diaria. Y a las preguntas íntimas se le sumaron los manoseos. Aprovechando que estas sesiones eran a solas, bajo llave, comenzó a ponernos las manos entre las piernas, nos metía la mano bajo las prendas íntimas y nos acariciaba la cola, los pechos y de esta manera decía que nos aliviaba las molestias o dolores femeninos. Decía que así llegaba la bendición más directamente. Y de un día para el otro nos informó que debíamos hacer un rito de exorcismo, de León XIII, que luego nos enteramos que es un ritual que está prohibido por la Iglesia. Nos dijo que todas teníamos que pasar por eso para formar parte de la congregación, la que se negaba no iba a poder ser monja. El exorcismo consistía en encerrarnos con él a solas en una habitación y luego acostarnos desnudas sobre una mesa, sobre una sábana blanca. Al comenzar el ritual nos pasaba por todo el cuerpo un aceite de oliva virgen y decia que era para ‘sellarnos’ todas las entradas y las salidas de los espiritus y los demonios. Fue una situación tan vergonzoza y humillante que me encerré una semana en una pieza donde lloré sin parar. Mientras tanto, nos hacía creer que una hablaba mal de la otra, para enemistarnos. Todo comenzó acá en Posadas, porque muchos quieren decir que las cosas se iniciaron en Puerto Iguazú o en San Luis, donde nos llevó con permisos de tutores falsos, acreditados por escribanos. En Iguazú fue un libertinaje. Se levantaba a desayunar y luego se llevaba una chica a la pieza, lo mismo hacía cuando almorzaba”, reveló la joven. “En San Luis la situación empeoró hasta tal punto que comenzó a violar a novicias en los exorcismos. Yo misma bañe a una de ellas, quien luego de esa sesión no se podía tener en pie. Hasta le quebró la muñeca cuando intentó escapar. Era imposible zafar de esos abusos porque a las novicias les ataba de pies y manos a una camilla de masajes y ahí directamente las abusaba, fue horrible”, señaló Verónica. “Teníamos mucho miedo, nos presentaba hombres, todos ex curas, y nos decía que con ellos ibamos a formar una nueva congregación. Finalmente, cuando el se fue de vacaciones a Brasil, con su hermano y las mujeres que lo acompañaban, nos dejó en Posadas y aprovechamos para contarle a nuestras familias lo sucedido”, puntualizó la joven, quien pidió “Justicia, para que no ocurra lo mismo con otras menores”.




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