OBERÁ. En su última condena recibió doce meses de castigo. Fue por el delito de “robo simple”, perpetrado en octubre de 2009 en una casa de familia de esta ciudad. En sede judicial no tuvo problemas, confesó su responsabilidad en un juicio abreviado porque, en el fondo, sabía que su destino estaba sellado.Tenía sentencias anteriores en causas mucho más graves, como “abuso sexual con acceso carnal y hurto” y “robo agravado por escalamiento”.En ese contexto, en una reciente resolución, el Tribunal Penal 1 de Oberá decidió unificar las penas y sentenciarlo a 17 años de cárcel.Además, lo declaró reincidente razón por la que no tendrá derecho de pedir o acceder al beneficio de la libertad condicional.Por ende, deberá cumplir la totalidad del castigo impuesto por los integrantes del TP 1 obereño: Francisco Aguirre, Lilian Avendaño y José Pablo Rivero.La resolución condenatoria recayó en los hombros de Mauro Gabriel Meza, un criminal considerado de extrema peligrosidad que el año pasado protagonizó una de las fugas más recordadas de los últimos tiempos (sobre todo por las garantías que exigió para su entrega).AntecedentesPero no era peligroso sólo por esa circunstancia. Fue detenido, imputado y procesado -y de hecho condenado- en delitos como “abuso sexual con acceso carnal y hurto” y “robo agravado por escalamiento”.Por estos dos casos recibió un castigo a dieciseis años de prisión. sumándose uno más por el juicio abreviado celebrado durante la semana previa a la feria judicial de invierno.Fuentes judiciales consultadas por este diario indicaron que el convicto cumplirá el total de la condena en la Unidad Penal II de Oberá, donde el año pasado logró evadirse junto a otros reos.Es de esperar que los custodios pongan énfasis en su cuidado, ahora más que nunca porque sabe que pasará 17 años tras las rejas sin posibilidad de salir antes de cumplir con ese plazo. Una entrega de películaMauro Gabriel Meza se fugó de la cárcel de Oberá el jueves 16 de febrero de 2012, aprovechando una feroz pelea en el penal que se cobró la vida de uno de los internos.Al parecer, ayudó a sacar a los heridos afuera de la cárcel para que fueran trasladados a un centro de salud. Según dijo, no tenía intención de escapar, pero los guardias reingresaron al penal y se olvidaron de él afuera.Entonces comenzó a caminar y se fue. El caso trascendió y se transformó en un escándalo porque negoció las pautas de su entrega.Fue el mismísimo camarista Francisco Aguirre quien debió mediar para que sucediera. Fue a buscarlo en su propio coche y lo recondujo a la cárcel de Oberá.





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