POSADAS. “Fue designado maestro en la Escuela de Frontera y de Jornada Completa Nº 16 de 25 de Mayo, Misiones. Preséntese urgente”. Palabras más, palabras menos, así era el aviso que por telegrama llegó al domicilio de Julio César Pérez (70) a su casa de La Cruz, Corrientes en 1969. Allí vivía con su esposa Isabel y su primer hijo Carlos Alberto.“Era una escuela rancho y 25 de Mayo no figuraba en el mapa”, recordó Pérez, docente y luego director de la institución, en una emotiva entrevista con PRIMERA EDICIÓN junto a Isabel, quien también se desempeñó en la institución como docente especial de manualidades, enseñando a tejer, coser y bordar, y también a cocinar a los estudiantes de 6º y 7º grado.La Escuela 16 -hoy 616- fue fundada el 24 de marzo de 1969 junto con otras 19 de jornada completa en Misiones. Tenía unos 200 alumnos y funcionaba en tres casitas de madera, construidas sobre cepos -los postes sobre los que se asientan las casas en terrenos muy desnivelados y húmedos. “El año en que llegamos fue el año más frío. Los vecinos nos comentaban que nunca hubo un año con tanta lluvia”, señaló Isabel.“Con los maestros éramos una familia grande. Éramos unos veinte docentes en total. Había unos de Monte Caseros (Corrientes), uno de San Luis y de otras localidades”, recordó Pérez, quien lamentó no tener fotografías de los actos escolares y peñas con los docentes, en los 23 años vividos en esa escuela hasta que Pérez se jubiló en 1992. “Como había gente de todas las provincias, había como distintas culturas. El de San Luis tocaba la guitarra, otro era un artista y entonces hacíamos obras de teatro en un salón de madera con un escenario que armamos con los maestros para los actos patrios y para usar como comedor”, recordaron. Educando a tareferosLa localidad de 25 de Mayo en aquella época era un pequeño pueblo. En la zona rural había una escuela cada cinco kilómetros. “Los chicos que iban a clase tenían muchas carencias. Eran hijos de tareferos, venían caminando tres kilómetros. Nosotros hablábamos con los padres para convencerles que mandaran a sus hijos al menos por la mañana para que aprendieran lo básico, porque a la tarde esos chicos tenían que trabajar”, señaló Pérez. Hoy muchos de ellos son adultos y, como le ocurre habitualmente a quienes se desempeñan y desempeñaron como docentes, en cualquier ocasión, mientras realizan un trámite en el centro, por ejemplo, son saludados afectuosamente por sus ex alumnos, ya adultos. “Hace unos años un alumno vino personalmente a invitarnos a su casamiento, él me dijo que yo había sido como un padre para él”, resaltó el maestro.Aprender a leer: lo fundamental“En relación al aprendizaje, lo que siempre critico es que los chicos, y también algunos docentes, no saben leer. Cuando asumí la dirección de la escuela, me aboqué fundamentalmente a los primeros grados, para que aprendan a leer. Si el chico aprendió, es autodidacta porque vence la barrera, vence el analfabetismo”, resaltó el maestro, quien no acuerda con las nuevas normativas educativas que recomiendan “hacer pasar de grado a los que en 1º no aprendieron a leer”.“Después del almuerzo en la escuela armábamos mesas de lectura. Poníamos cuentos, revistas para que los chicos elijan y lean. Y yo observaba: los chicos que se acercaban a buscar lectura era porque habían aprendido. El que no agarraba nada, era porque todavía no había aprendido bien”, agregó.“El problema en la educación es que no se lo considera una profesión clave. Y siempre hubo problemas con los sueldos”, resaltó Pérez. “En la escuela peleamos por las horas que nos pagaban porque entonces la Provincia nos quería pagar el sueldo de maestro de frontera como de Buenos Aires, que estaban seis horas frente al aula. Pero nosotros estábamos desde las 7.30 a las 16, porque teníamos que preparar el desayuno, servirlo a los chicos, dar clases, luego preparar y servir el almuerzo, hacer actividades de descanso como juegos de mesa y lecturas, hasta que a las 14 llegaban los maestros especiales de talleres de huerta, cocina, manualidades, carpintería”, señaló Pérez. “Yo le di mis mejores años a esta provincia pero hoy como jubilados cobramos un 40% del sueldo que teníamos como activos, y por eso los jubilados seguimos en la lucha”, indicó Pérez, quien permanentemente participó de actividades colectivas de reclamo por salarios dignos junto a colegas, aunque ahora no puede acompañarlos tan activamente porque debe cuidar su salud ya que tiene diabetes. En relación a las luchas históricas, destacó la iniciativa de los jubilados de Marea Blanca y la carpa instalada en plaza 9 de Julio para seguir exigiendo lo que les corresponde: una remuneración acorde a la tarea educativa que desempeñaron por años. Una historiaJulio César e Isabel son oriundos de Santo Tomé y La Cruz, respectivamente. Se casaron en octubre de 1964, con lo que en poco más de un año festejarán sus Bodas de Oro. Se radicaron en 25 de Mayo en 1969 donde Pérez fue nombrado como titular en la Escuela 16. Años después, fue vicedirector y tras la jubilación de Arturo Viña, el primer director de la institución. Isabel se desempeñó como docente de manualidades, en los talleres que se brindaban por la tarde en la escuela. Don Pérez se jubiló el 30 de noviembre de 1992. El día siguiente la Escuela 16 fue intervenida y dieron de baja la modalidad de jornada completa. Hoy viven en un departamento del Edificio del Docente en Villa Sarita (Posadas). Tienen dos hijos Carlos Alberto (48) y Jorge Horacio (43) y dos nietos de 19 y 14 años.





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