RÍO DE JANEIRO , Brasil (AFP-NA-Medios Digitales). El paisaje típico de la célebre playa de Copacabana, con sus cantantes de samba en el paseo marítimo, los cuerpos esculturales y las biquinis minúsculas en la playa, ha sido alterado bruscamente con la llegada de los peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).Esta playa, considerada como el foro de la ciudad carioca, es la más turística, la preferida por los ancianos, y donde se mezclan con naturalidad la alta sociedad, los pobres de las favelas, turistas, prostitutas y personajes de todo tipo.A pocos días de la llegada del papa Francisco, que arribará a Río de Janeiro este lunes, Copacabana se adapta a marchas forzadas a la llegada de católicos de todo el mundo, cada uno con sus costumbres particulares.Quizás el cambio más visible ocurrió en la orilla del mar, donde los hombres con bañadores ajustados y las mujeres en biquini ahora comparten la arena con peregrinos que no tienen vergüenza de entrar en el agua con pantalones vaqueros, lo que causa gran sorpresa a los cariocas.“Es curioso, pero por lo demás, es genial ver a tantos jóvenes reunidos para un evento religioso, en un clima de paz”, dijo la jubilada Sueli Soares, quien, sin embargo, se quejó de la cantidad de estructuras metálicas que los organizadores de la JMJ instalaron en la arena, porque dificultan sus caminatas matutinas.Recato La llegada del pontífice llevó a un escultor de arena a cubrir con vestidos recatados sus tradicionales figuras de mujeres con tanga, que desde hace decenas de años son típicas de esta playa.La visita de Francisco también alteró el repertorio de los grupos de músicos que recorren los chiringuitos del paseo marítimo para pedir a cambio unas monedas.Algunos de estos artistas callejeros dejaron a un lado la tradicional samba e introdujeron en su repertorio canciones católicas de los famosos sacerdotes Marcelo Rossi y Fabio de Melo.Comerciantes de parabienes Rosarios, imanes de heladera, prendedores y hasta máscaras con la imagen del papa Francisco, camisetas y banderas argentinas: los vendedores de Rio de Janeiro despliegan un arsenal variado para satisfacer los instintos consumistas de los fieles que participarán de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).Maria do Carmo Bezerra, una vendedora ambulante de 46 años del centro de Rio, comenzó a acumular stock hace dos meses, con una inversión de casi 500 dólares que espera le rinda más del doble.“Los peregrinos siempre acaban queriendo un recuerdito del evento, y también los que viven aquí”, dijo a la AFP. En Rio, el rostro del papa argentino que llegará mañana a Brasil, el país con más católicos del mundo, en su primer periplo internacional, ya está en todas partes, al igual que los símbolos de la Iglesia. La máscara realizada con materiales reciclados es vendida a poco menos de tres dólares, explicó la propietaria de la fábrica que la produce, Olga Valles.“Él es muy simpático, su antecesor no lo era demasiado”, apunta Regiane Batista, una evangélica de 32 años cuya religión no le impide vender kits con un rosario y una oración de san Francisco de Asís, de quien el exarzobispo argentino Jorge María Bergoglio tomó el nombre, por dos dólares. Para refrescar a los fieles más calurosos, un abanico con la foto del Papa es vendido a cuatro dólares.“Es la Copa del Mundo de la fe”, bromeó Luis Blumberg, dueño de una tienda que confecciona camisetas oficiales de la JMJ.Para suplir la gran demanda, hace un año organizó un esquema de pedidos vía telefónica. “Atendemos parroquias de todo Brasil, de capitales a ciudades del interior”, afirmó. El empresario, que tiene tiendas en el centro de Rio, cree que durante el evento, del 23 al 28 de julio y donde se prevé que asistan 1,5 millones de personas, las ventas serán aún mayores.Los funcionarios de su negocio aumentaron en 30%. “Es un ciclo positivo para toda la economía”, afirmó. Impacto económico Un estudio de la Confederación Nacional de Comercio (CNC) afirma que el evento tendrá un impacto positivo de 123 millones de dólares en el comercio minorista del estado de Rio de Janeiro.Según la CNC, el ramo supermercados recogerá la mayor parcela de ventas a raíz de la JMJ (40,2%). Le seguirán los segmentos de combustibles y lubricantes (11,4%) y vestuario y calzado (10,5%).El economista Fábio Bentes explica que el buen desempeño del sector de alimentos se debe al perfil del turista que viene a la JMJ. “Son jóvenes que en su mayoría no quedarán hospedados en hoteles y por eso precisan gastar más con alimentación”. “Quien es fiel compra oficial” es el lema de la organización del evento para incentivar la compra de productos oficiales de la Jornada. Para mostrar que el evento está de hecho destinado a los jóvenes, la organización de la JMJ invirtió en la venta por internet de productos oficiales.Entre los artículos oficiales figuran camisetas, bolsos reciclables, mochilas y pulseras con el logo de la JMJ, todo con un estilo jovial y moderno.Según la asesoría de prensa de la JMJ, habrán 10 puntos de venta en Copacabana y en Guaratiba. “El gasto se queda en Brasil” En Brasil, considerado el país con más católicos del mundo, muchos ven como un motivo de orgullo recibir el primer gran viaje internacional del primer papa latinoamericano de la historia. Pero en momentos en que los gastos públicos para albergar grandes eventos internacionales se han vuelto un tema sensible en Brasil, el costo de esta celebración católica generó justificaciones de gobernantes y religiosos, disputas judiciales y debates en la web.Según los organizadores del evento, el costo total del mismo oscilará entre US$143 millones y US$156 millones. Entre los patrocinadores hay bancos privados, empresas locales y multinacionales.Tanto el arzobispo de Río, Orani Tempesta, como el de Sao Paulo, Odilo Scherer, han defendido los gastos para costear la visita del papa y la JMJ.“No son gastos pagados a alguien que se llevará el dinero afuera. Ese dinero es derramado en Brasil. Está generando impuestos, trabajo”, dijo Scherer citado por el diario Folha de Sao Paulo. “Es, sin duda, una inyección de sangre en la economía”.




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