BERNARDO DE IRIGOYEN. Nuevamente, como desde hace años, esta localidad se ve colapsada por el caudal de camiones estacionados a lo largo de todo el pueblo en una fila interminable (casi diez kilómetros) que aguarda para poder cruzar la aduana rumbo a Brasil, destino de la mercadería que portan.Casi 500 vehículos apostados uno tras otro sobre la banquina de la ruta nacional 14, sin ningún tipo de seguridad para los trabajadores ni para la mercadería, sin ningún tipo de servicio como baños o duchas. Las esperas suelen durar una semana o más produciendo además cuantiosas pérdidas en aquellos que transportan mercaderías perecederas, por ejemplo cebollas.Las incomodidades las sufren tanto los transportistas como los habitantes del pueblo y a pesar de los reclamos y pedidos efectuados desde todos los sectores la dramática situación se repite constantemente. Alejandro (52) es oriundo de Córdoba y su camión se encuentra estacionado detrás del puesto de gendarmería, a unos cinco mil metros de la zona de aduana: “Nosotros venimos de la zona de Regina, estamos aquí desde el domingo. No tenemos nada cerca, no tenemos un baño, tenemos que hacer nuestras necesidades en el bosque, no tenemos dónde darnos un baño, dónde comer, dónde tirar la basura, no tenemos nada, absolutamente nada. De esta manera no sólo la pasamos muy mal, sino que también perdemos tiempo y dinero. Hace años que vengo a Irigoyen y siempre sucede lo mismo, es la única aduana donde nos pasa esto, si tuviéramos otra opción la usaríamos pero lamentablemente no hay otra, estamos obligados a pasar por acá y siempre tenemos que sufrir esta espera”.“No sé porque no lo resuelven, no sé si corresponde a la aduana o al municipio, pero lo mínimo que tendrían que hacer es una playa, con un baño, una canilla con agua, lo mínimo” y para finalizar agrega “como viene el movimiento calculo que hasta el sábado no vamos a cruzar, es decir nos tenemos que comer una semana acá”.Sergio (34) transporta mercadería perecedera (cebollas), está estacionado (como todos) en la banquina de la ruta desde el lunes y la fila no se ha movido. “No tenemos agua, no tenemos dónde hacer nuestras necesidades, nos cobran 25 mangos por noche en concepto de seguridad, no sabemos quiénes, pues no se identifican de ninguna manera, brillan por su ausencia tanto la Policía como la Gendarmería y nosotros pagamos porque si no seguramente te afanan”.Una historia que se repite. El problema, pese al paso del tiempo, continúa irresuelto.




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