BUENOS AIRES (Diario Clarín). Cuando el cadáver de Tatiana Kolodziey (33) fue hallado en un descampado de las afueras de Resistencia, el 23 de octubre pasado –con signos de abuso sexual y estrangulamiento–, muchos creyeron que el caso estaba resuelto. La radióloga chaqueña había sido vista con vida por última vez antes de subirse, tres días antes, a un remís que conducía un violador serial que llevaba menos de un mes en libertad condicional. Era Juan Ernesto Cabeza (52), por entonces ya detenido por la Policía del Chaco. Pero ayer, cinco meses después, la justicia explora pistas más complejas que las de un crimen ejecutado de manera fortuita por un psicópata.Ocurrió que surgieron datos desconcertantes, que descubrieron enfrentamientos y puntos oscuros en el entorno de la víctima. Por eso, ya nadie cree que Cabeza haya actuado en soledad.El chofer habría tenido al menos un cómplice. Quizá fue Jorge Rodolfo Rosa (57), un sujeto de historial tenebroso, quien en 1985 ejecutó una brutal masacre familiar. En el barrio porteño de Belgrano, para consumar un robo, encerró en un auto a un matrimonio y su hija, y a la empleada doméstica de la familia. Luego prendió fuego el coche. Todos murieron calcinados.Rosa estuvo en prisión justo 20 años, hasta 2005. En la cárcel conoció a Cabeza, condenado a mediados de los ’90 por violar a cuatro mujeres en Buenos Aires, donde manejaba un taxi. Cuando el juez Axel López le dio el beneficio de la libertad condicional -contrariando un dictamen psiquiátrico que recomendaba mantenerlo en prisión-, el domicilio que declaró Cabeza era el de Rosa: una casa precaria en Fontana, una localidad en los alrededores de Resistencia.Los investigadores creen que Tatiana pudo haber estado allí en la madrugada del sábado 20 de octubre, luego de que subiera al remís de Cabeza y desapareciera. Algunas llamadas telefónicas hechas esa noche por el remisero salieron de esa zona. No descartan que Rosa haya sido el verdugo de la radióloga. También él habría sido quien utilizó el celular de la joven para comunicarse con el padre y el novio de ella y exigirles dinero a cambio de liberarla, aún cuando ya la habían matado.Rosa está prófugo. Se escapó de un modo casi infantil. Había sido citado el 12 de diciembre a los Tribunales de Resistencia, como testigo de la causa, para explicar su vínculo con Cabeza. En el ambiente judicial se sabía que iba a quedar detenido, porque se daba por seguro que negaría cualquier comunicación con el remisero durante la noche del crimen, pese a que el informe sobre llamadas indicaba lo contrario. Tras interrogarlo, el fiscal ordenó su arresto.Cuando estaba por ser trasladado, Rosa se fugó. Le habían puesto como custodia un solo policía. Bastó un cabezazo que le partió el tabique nasal para que el asesino se fuera caminando del edificio. Su búsqueda sigue: todavía no lo encontraron.




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