Posadas. La jornada en el comedor de Santa Rita ayer había comenzado con normalidad, pues no había novedades sobre el pedido de desalojo del lugar por parte de la Viceparroquia. Sin embargo, el nerviosismo se apoderó de las mujeres cerca del mediodía, cuando desde la Secretaría avisaron que un escribano del Obispado se acercaría para charlar sobre la ocupación del espacio. Luly (Felicitas) hace diez días que no está tranquila, cuando desde la Viceparroquia Santa Rita pegaron un cartel que decía que a partir del 1 de abril no funcionaría el comedor en el lugar en el que cocinan desde hace 18 años, porque sería destinado para otros fines. Primera Edición habló con el administrador parroquial, Marcelo Szyszkowski, quien señaló que desde el año pasado está solicitando el espacio, porque pretenden realizar allí cursos de capacitación, ya que no cuentan con otros lugares y el comedor depende -según dijo- de una asociación. Sin embargo, Luly señaló que hace más de 18 años que cocinan en el barrio, actualmente unas 300 raciones diarias, y que las instalaciones fueron construidas con fondos de Naciones Unidas, a través de Desarrollo Social, que también aporta la mercadería. Las cocineras comentaron que no tienen otro lugar, además defienden su espacio, sostienen que entienden el proyecto de capacitación de la Viceparroquia, pero piden que también se comprenda las necesidades de la gente. “Hay gente que depende de esto para vivir, por más que trabaja, hace changas, no le alcanza”, insistieron ayer.Además, manifestaron que hay muchos ancianos y madres de niños discapacitados que se acercan a retirar la comida. Ayer tempranito los vecinos se comenzaron a acercar con recipientes a la cocina y agradecieron a Luly y Bety que a pesar de que fuera feriado estuvieran trabajando. Una sopa de arvejas fue el menú de ayer y para hoy, si pueden ingresar, planean preparar roscas de Pascua, una por familia.“Anoche estuve preparando bolsitas de caramelos y chupetines para los chicos, que conseguimos mediante colaboraciones, porque nosotros tampoco tenemos para aportar de nuestros bolsillos”, señaló Luly. Carta al obispo MartínezLa semana pasada, desesperados por la situación, enviaron una carta al monseñor Juan Rubén Martínez, con la firma de todos los comensales. En la misma detallaron el tiempo que llevan trabajando en el lugar, cómo construyeron las instalaciones y que el objetivo es ayudar a los que más necesitan. “Verdaderamente no tenemos otro lugar donde ir, aquí nacimos y pusimos todo nuestro esfuerzo, es por eso que en un llamado desesperado y triste acudimos a usted, confiando en que nos dará una salida favorable… Le rogamos revea la situación, ya que debido a las capacitaciones que el administrador parroquial quiere realizar en este lugar, cientos de familias quedarán sin su ración diaria de comida”. Hasta ayer no habían recibido ninguna respuesta desde el Obispado, sólo el aviso de la visita de un escribano.La incertidumbre sigue y las cocineras sólo esperan poder seguir preparando la comida para los más pobres.





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