POSADAS. Si bien Misiones fue una de las primeras provincias en implementar programas que apunten a reducir la cantidad de embarazos adolescentes, tras varios años de trabajo los índices no se han reducido demasiado. Patricia Venialgo, licenciada en Antropología Social, investiga este fenómeno en los sectores populares. “Tiene que ver con una cuestión cultural de fondo”, sostiene en el estudio que comenzó como su tesis de grado en la Universidad Nacional de Misiones, en el marco de un proyecto dirigido por la antropóloga social Lidia Schiavoni; que siguió ampliando con una beca del Cedit y continúa desarrollando.¿Cómo abordaron la investigación?La primera aproximación fue indagar en cómo se está dando el embarazo adolescente en Misiones. Porque vemos que, a pesar de que es una de las primeras provincias en implementar medidas para prevenirlo, como el programa de educación sexual integral en las escuelas o programas de anticoncepción, los índices no se reducen.¿Los programas están mal implementados?Como antropóloga lo que pude observar es que tiene que ver con una cuestión cultural de fondo. Todos los hechos sociales son multicausales, no podemos mirar sólo desde un costado, sólo desde educación o sólo desde salud. Y había una cuestión que no se estaba teniendo en cuenta y era la cultural. ¿Y cómo se evidencian estas cuestiones culturales?Se mantiene muy arraigada en sectores populares la identificación del adolescente como “asexuado”, entonces no se habla de esos temas. O en el otro extremo, se los ve como hipersexuados y se piensa que hablar abiertamente es como promover la iniciación temprana, incitar a que se desaten esos “instintos” tan temidos por los adultos. Eso pese a que hablar de sexualidad significa hablar de y conocer el cuerpo y no necesariamente de mantener relaciones íntimas con otra persona.Exactamente, pero hay un temor terrible. Lo que vi es que culturalmente a los adultos les cuesta admitir la sexualidad y permitir la vivencia de la sexualidad de los adolescentes. Y los adolescentes la viven igual, buscan información, experimentan.Y por lo general ocurre que acuden a los centros de salud o a buscar ayuda cuando la adolescente ya está embarazada…En sectores populares hay un montón de factores y dificultades estructurales que van a complicar la llegada a un centro de salud: falta de transporte, falta de tiempo, dificultades económicas, pudores, etcétera. Entonces es donde más se acentúa esta tendencia tan generalizada en nuestra sociedad de acudir al sistema de salud ante el evento consumado, la necesidad urgente de una consulta. Porque por lo general no consumimos para prevenir.Atendiendo a esas particularidades culturales, ¿se podrían aplicar algunos cambios a estos programas?Sí, porque no alcanza con una ley de educación sexual o con que haya preservativos y píldoras gratuitas en los CAPS. Hay que, por ejemplo, adaptar los servicios a los adolescentes con una franja más amplia de horarios, como para que se acerquen. Porque actualmente no hay servicios diferenciados, excepto en el CAPS 5 de Barrio Yacyretá. Pero al no ajustarse a esas necesidades particulares de ese colectivo, el servicio de salud está llegando tarde, ante el hecho consumado, la adolescente ya embarazada, es decir, que no se está pudiendo prevenir el embarazo.¿En los contextos rurales, cómo se presentan estos casos?En el Hospital Materno Neonatal, donde muchas madres permanecen acompañando a sus hijos que deben quedar en Neonatología, tuve oportunidad de entrevistar a madres provenientes de las colonias de distintas localidades de la provincia. Había madres muy jóvenes, de catorce o quince años, que no comprendían porque yo veía como algo problemático que a esa edad ya fueran madres. Pero ocurre que en sus contextos, cuando no hay otras posibilidades de realización personal, laboral, académica, etcétera, el modelo de mujer adulta es a través de la maternidad.Y por lo general en los contextos populares este embarazo precoz no es considerado producto de un delito (se considera abuso sexual, haya habido o no violencia cuando la mujer es menor de trece años. La pena para el abusador es de seis meses a cuatro años, y las niñas tienen derecho a exigir el aborto no punible que en Misiones está vigente).En Misiones, aunque sea un porcentaje menor, no hay que dejar de tener en cuenta la maternidad a los once y doce años, es muy preocupante. Me encontré con jóvenes de catorce, quince años que con su pareja tenían entre siete y diez años de diferencia, sin embargo en estos ámbitos populares estas diferencias no son consideradas como preocupantes. Ahí hay una cuestión cultural importante, a veces no hay una coerción física, pero un hombre de 25 años para arriba puede tener muchas más herramientas simbólicas como para coaccionar muy sutilmente a una adolescente.En el proyecto de Schiavoni también se trabajó en el barrio San Jorge de Posadas con madres que integraron el proyecto ProGen, ese modelo de multiplicación de información puede ser una estrategia válida para la prevención de los embarazos, así como de la violencia contra las mujeres. ¿Qué opina?Conocí poco la experiencia, pero sé que está teniendo un impacto muy importante en el barrio. Porque las promotoras de información son las mismas vecinas, que a su vez son multiplicadoras de talleres y están altamente comprometidas con su barrio. Eso hace que las otras vecinas se sientan más cómodas para consultar sobre un tema. Es un modelo interesante. Hay otros casos que también fueron surgiendo, como el de la Escuela Especial 45 del barrio A-4. Allí los padres pidieron asesoramiento profesional sobre educación sexual y más adelante los mismos padres quedaron como capacitadores y multiplicadores de información.¿En su investigación se hacen algunas sugerencias?Sí. Recomendamos trabajar fuertemente desde los ámbitos que ya están funcionando, en el educativo, potenciar la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral; en el ámbito de la salud, con los programas de anticoncepción. En ambos casos trabajar desde la interdisciplina: trabajadores sociales, antropólogos, psicólogos, etcétera, pueden respaldar a los docentes y médicos.¿Y cómo se deberían abordar los temas en las familias?La información que llega a través de la escuela no es suficiente, sino que se tiene que hablar en la casa, y no cuando el chico tiene trece o catorce años, sino mucho antes, porque en la adolescencia ya estamos llegando tarde. Hay que hablar desde el jardín de infantes, cuando el chico empieza a salir del entorno doméstico, desde que empieza a ir al ba&am
p;ntilde;o solo, ahí está el primer temor de los padres que deben enseñarle quién puede acompañar y quién no. Esas cosas que se hablan con naturalidad tienen que continuar, no se tienen que interrumpir. Pero, ¿qué pasa? El chico va creciendo y los padres cortan ese diálogo, esos temas se hablan a medias, entonces los chicos van entendiendo que el cuerpo, las caricias, son vergonzantes, y no sabe cómo asimilar todo eso. ¿Según lo investigado, hay algún momento adecuado para empezar a hablar de esos temas?Todos saben los temas de sexualidad, pero no cuándo y cómo se encaran. Nosotros destacamos que el momento es cuando el chico empieza a preguntar. Tratar de compartir o ver lo que hacen los chicos, escuchar su música, de qué hablan cuando están en grupo, qué novelas miran, etc. Y eso tomarlo como disparador y conversar, no juzgando, porque de esa manera se corta el diálogo. Cuando el adolescente no se siente censurado y la charla es abierta, se dará la posibilidad de preguntar sobre lo que le inquieta.




Discussion about this post