JARDÍN AMÉRICA. Alicia Monzón (24) denunció que su bebé, con nueve meses de gestación, nació vivo pero luego falleció tras un tortuoso parto vaginal en el hospital de área de esta localidad. Mientras lloraba de dolor en la sala del nosocomio, el cirujano le pidió dinero para hacerle la cesárea. El padre de Alicia llegó a ofrecer su moto y conseguir plata a cambio de que la operara, pero el cirujano se negó. La joven debió ser trasladada de urgencia al Hospital Escuela de Agudos Doctor Ramón Madariaga con una grave infección uterina que puso en riesgo su vida.Hoy está bajo tratamiento psicológico y el caso es investigado por la fiscalía de Puerto Rico. “Me torturaron”En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Alicia Monzón relató los lamentables hechos de violencia obstétrica que sufrió desde la tarde del 30 de agosto de 2012, cuando acudió al hospital público de Jardín América para que naciera su bebé. Según relató, “mi embarazo estaba en término, era un embarazo normal, sin riesgos y estaba comenzando el trabajo de parto”. La doctora que la había atendido en los monitoreos durante la gestación la ingresó al sanatorio a las 18. “Me dijo que tenía tres de dilatación. Ella no se quedó conmigo -agregó la joven- solo había ido a retirar unos papeles y me dijo que esperara en la camilla, que enseguida la otra doctora me iba a atender”. “Esperé unas horas hasta que no aguanté más porque la contracciones eran muy fuertes y me levanté para ir a Enfermería, donde las enfermeras estaba tomando mate y les dije que me dolía mucho pero ni se preocuparon”, relató la muchacha a quien ingresaron a sala de parto a las 3 del 31 de agosto. “Recién ahí me vio la doctora y me dijo que pujara. También estaban dos enfermeras. Yo pujaba y pujaba, pero el bebé no nacía. Pasó una hora y la doctora me cortaba -practicando la episiotomía-, no sé cuanto tijeretazos me habrá dado porque no sentía, pero el bebé no salía”, recordó Monzón. “Yo lloraba, gritaba, rezaba y una de las enfermeras me gritó: ‘¡acá no está tu Dios así que callate!’”, agregó.“Después de un rato vino el cirujano. Yo ya no podía más de los dolores, estaba muy cansada y él se acercó muy tranquilo y me preguntó si tenía plata para pagarle. Yo como pude le dije que en ese momento no tenía, que le íbamos a conseguir, pero que por favor me hiciera la cirugía para que naciera mi bebé”, detalló Alicia.Por entonces, sus familiares ya habían acudido al hospital para esperar la feliz llegada del bebé pero el guardia de seguridad les negó el acceso al sector de espera de la sala de parto. “Mi hermana estaba con mis papás y ella fue la que reconoció mi voz y mis gritos”, señaló Monzón. “Ahí fue cuando el cirujano salió y le preguntó a mi papá si tenía plata para pagar la cirugía”, indicó la joven.Al respecto, su padre, Felipe Monzón, dijo a PRIMERA EDICIÓN que “el médico no me dijo una cifra pero yo le dije que ahí mismo le podía dar la moto y conseguirle la plata que fuera necesaria para que pudiera operar y que el bebé naciera bien. Pero el cirujano se dio vuelta y volvió a entrar a la sala (de parto). Llegué a escuchar que le dijo a mi hija que no la iban a operar porque ‘tu viejo no tienen un peso partido por la mitad’”. Inexplicable“El bebé nació a la fuerza a las 5.30. La enfermera se subió arriba de mi panza para que saliera mi hijo. El bebé no lloró, pero vi que movía las piernitas. Se lo llevaron corriendo y no me dijeron nada sobre él, sólo llegué a escuchar que las enfermeras le decían algo a mi hermana”, relató Alicia, quien para ese momento estaba acompañada por su mamá, que entró a la sala por la puerta de atrás, acudiendo a los gritos desesperados de su hija.“Escuché que las enfermeras le dijeron que intentaron muchas cosas, pero que el bebé tenía una infección y que falleció por una insuficiencia fetoplacentaria. Pero si él hubiera tenido eso, no podría haberse desarrollado y llegar al noveno mes”, mencionó Alicia, resaltando que “mi bebé era re sano. Yo me había hecho todos los controles necesarios, en el hospital y también en una clínica privada porque en el hospital dan los turnos muy espaciados y no podía dejar pasar el tiempo. Era muy difícil porque somos una familia de escasos recursos, pero cumplí todos los controles”.Continuando con su relato, la joven señaló: “Para sacar a mi mamá de la sala le inyectaron algo y se durmió. No le dijeron qué era, pero que tenían que medicarla porque tenía la presión alta. A las 6 vino otro doctor y me hizo anestesia general. Me dijo que era para limpiarme y sacarme los restos de placenta. Me desperté a las 8.30. Estaba sola en sala de parto, tenía mucho frío”.Fue entonces que, por la insistencia de su familia y dado que su estado de salud se estaba complicando, la trasladaron al Madariaga. “Cuando me recibieron allá me apretaron la panza y vieron que tenía líquido y placenta. Fui a quirófano y los médicos me dijeron que me tenían que volver a anestesiar y que no me garantizaban la vida. Fueron dos horas en quirófano. Me sacaron restos de placenta y me tuvieron que reconstruir el cuello del útero”, relató Monzón, quien luego pasó diez días en terapia intensiva. “Gracias a Dios estoy viva. Estoy muy triste porque mi bebé murió y creo que los médicos de Jardín (América) esperaban que yo muriera también para que esto no salga a la luz, pero no me morí. Hicimos la denuncia y ahora está investigando la Fiscalía de Puerto Rico, la doctora Mabel Luna y el juez Acosta”, dijo.La familia Monzón dio a conocer el caso por las radios locales. “Mucha gente no se anima a contar, porque como no tiene posibilidad de ir a un (sanatorio) privado, tiene que ir al público y no quiere tener problemas con los médicos”, dijo Alicia, enfatizando que “tenemos miedo de ir al hospi
tal”.





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